Ese es el término que emplean las universidades para los proyectos que deben cumplir los egresados universitarios como requisito previo a la obtención de su título.

Suena bonita e inclusiva esa frase, muy igualitaria, muy participativa, muy buena; sin embargo, esta –en algunas instituciones, no en todas– ha llegado a ser una verdadera barrera, un verdadero obstáculo para que el egresado pueda obtener su título, sencillamente porque pueden pasar meses o años antes de que la universidad asigne un proyecto de vinculación.

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El país necesita de profesionales, de miles de profesionales, pero de verdaderos profesionales, no solo la titulación, que es un cartón que se le otorga a la persona, pero que no garantiza que realmente haya aprendido lo suficiente. Existen carreras cuyo pénsum académico fundamental es de máximo tres años, pero se optó por añadir muchas materias “complementarias”, lo cual retrasa la entrada de nuevos profesionales a la economía.

Me parece haber leído que en China ya están eliminando el requisito de tesis para graduarse, y estoy completamente de acuerdo con eso, porque luego de miles y miles de tesis de grado en muy diversos campos y ámbitos, ¿para qué han servido, sino para retrasar e incrementar los costos de estudio? Una cosa fue cuando recién en la historia aparecieron los títulos de tercer nivel, pero ahora ya está masificado el estudio universitario (otra cosa es un máster o un doctorado).

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Mientras el mundo busca acelerar la entrada al sector laboral a nuevos profesionales, acá nosotros buscamos cómo retrasarlas, poniendo verdaderas trabas y contratiempos. ¿Quién se atreve a hacer una verdadera reingeniería en esto? (O)

David Ricaurte Vélez, ingeniero mecánico, Guayaquil