En Ecuador, hoy más que nunca, la diferencia entre avanzar o estancarse no está únicamente en los recursos disponibles, sino en la forma en que interpretamos la realidad. En un contexto donde el país muestra señales de recuperación económica, con crecimientos cercanos al 3,8% y dinamismo en sectores productivos, también enfrenta desafíos estructurales como la inseguridad, la desigualdad y la limitada inversión en innovación . Y aquí emerge una idea poderosa: ver mejor es decidir mejor.
Así como en la inteligencia artificial el preprocesamiento permite limpiar una imagen para identificar lo importante, Ecuador necesita un “preprocesamiento” de su propia realidad.
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Hoy, el país recibe múltiples señales: crecimiento económico por un lado, pero también problemas de seguridad, empleo informal y brechas sociales que siguen condicionando el desarrollo. Interpretar estos datos sin filtrarlos puede llevar a decisiones superficiales o incompletas.
El riesgo es claro: tomar decisiones sobre una “imagen borrosa” del país. Por ejemplo, aunque el crecimiento económico existe, no siempre se traduce en bienestar equitativo.
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Aunque hay avances en empleo, persisten niveles importantes de subempleo. Aunque hay inversión, aún es insuficiente en áreas clave como tecnología e investigación, donde Ecuador sigue rezagado en la región.
Aquí es donde el enfoque cambia. No se trata solo de tener más datos, sino de organizarlos, depurarlos y priorizarlos. En términos prácticos, esto implica políticas públicas más precisas, basadas en evidencia real y no en percepciones. Significa entender dónde está el verdadero problema: ¿seguridad?, ¿educación?, ¿productividad?, ¿institucionalidad? La respuesta no puede ser general, debe ser enfocada.
El propio Plan Nacional de Desarrollo reconoce esta necesidad al plantear objetivos como generar empleo digno, atraer inversión y reducir brechas sociales mediante políticas estructuradas y medibles . Sin embargo, la efectividad de estas estrategias dependerá de la calidad del diagnóstico previo.
Ecuador no necesita más improvisación. Necesita claridad. Necesita identificar con precisión qué variables están distorsionando su desarrollo y cuáles pueden potenciarlo. Porque, al igual que en los sistemas inteligentes, un país no falla necesariamente por falta de capacidad, sino por trabajar con información mal interpretada.
La lección es profunda: antes de acelerar, hay que enfocar. Antes de decidir, hay que comprender. Antes de transformar, hay que limpiar la visión.
En un entorno global cada vez más competitivo y tecnológico, el verdadero salto de Ecuador no dependerá únicamente de cuánto crezca, sino de qué tan bien entienda su propia realidad.
Porque al final, como en la inteligencia artificial, el futuro no lo define el algoritmo, lo define la calidad de la información con la que se construye. (O)
Jorge Ortiz Merchán, máster en Economía y Políticas Públicas, Durán