Es muy alentador y digno de agradecimiento comprobar los esfuerzos que hace el Gobierno en su afán de inmunizar a la mayoría de la población en el más corto lapso, y es de desear que los ciudadanos acudan a recibir la vacuna contra el COVID-19 a los sitios y los lugares previamente previstos. Sin embargo, es en cambio desalentador comprobar que por prejuicios o desconfianza muchas personas no lo hacen. Y es en este punto donde salta una incoherencia visible y preocupante, cuando en puestos de vacunación que están semivacíos no se atiende a los pacientes de enfermedades crónicas como hipertensión arterial, por nombrar alguna, debidamente certificada por autoridad médica, con el pretexto de que el paciente no se encuentra en el rango de la edad para recibir la vacuna.

¡Caramba! Un hipertenso puede sufrir un agravamiento de su enfermedad, y puede morir si no está vacunado y por desgracia contrae el coronavirus. En ese contexto recordamos a la autoridad de salud que una enfermedad crónica no depende de la edad sino de su padecimiento, por lo que debe ser vacunado quien lo certifica.

También solicitamos a esa misma autoridad de salud, que disponga que los enfermos crónicos sean vacunados independientemente de la edad que tengan, más aún cuando vemos que muchos agendados no acuden a los puestos, corriéndose el riesgo –que ya ha ocurrido– que las vacunas se pierdan porque no fueron utilizadas el día que estaba previsto hacerlo.

Un poco de coherencia.

Si el plan es vacunar en el corto plazo a la mayoría de los ecuatorianos, pues vacunen a los que lo necesitan y se presentan, más aún si son enfermos crónicos. No creo que esto sea difícil de hacer.

Es incoherente que mientras unos necesitan y la quieren, otros sencillamente rechazan la vacuna. (O)

José Teófilo Villón Barros, Guayaquil