Mi voz, como siempre, es el grito desesperado de aquellos seres indefensos que, por diversas circunstancias, no están en capacidad de reclamar sus legítimos derechos. Se trata, nada menos, que de los adultos mayores (del cual formo parte), uno de los grupos más vulnerables y que, sin embargo de ello, no son tomados en cuenta por los entes gubernamentales y las diversas instituciones supuestamente encargadas de velar por su seguridad, su salud y de cubrir sus necesidades más elementales. Se trata, a no dudarlo, de un evidente discrimen, pues durante mucho tiempo no se han incrementado en forma consciente y seria las pensiones jubilares y se conforman con subir $ 6 como si se tratara de una limosna. Tampoco se brinda una ayuda real y oportuna a aquellos que no gozan de este justo y merecido “beneficio”.

Para colmo de males, la devolución del IVA que, por ley nos corresponde, tampoco se hace efectiva en forma oportuna, pues demoran meses y años en acreditarlo y se lo viene haciendo a través de irrisorias cuotas que se convierten en “dinero de bolsillo” y no cumplen su real objetivo.

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Además, los servicios médicos del IESS, como bien sabemos, son completamente ineficientes. ¿A quién recurrimos entonces para poder solventar nuestras urgentes necesidades? Pedimos, de la manera más comedida, a quienes corresponda tengan un poco de sensibilidad, compasión y empatía. (O)

Fabiola Carrera Alemán, jubilada, Quito