El inicio de las clases presenciales en escuelas y colegios de Guayaquil ha sido caótico, y los mayores perjudicados han sido los niños que acuden a estos centros educativos tanto fiscales como particulares, a pesar de que muchos son de primera y segunda clase, porque desgraciadamente en nuestro país así está clasificada la educación.

Directivos no realizaron una buena planificación para el período educacional 2022–2023 ‘pospandemia’ COVID–19, como consecuencia existe desorden. Los alumnos más pequeños de los primeros grados de escuela, por su corta edad, no tienen la fuerza suficiente para aguantar los movimientos de los forcejeos ocasionados en las puertas y escaleras, que se parecen a la entrada y salida de un estadio de fútbol, donde más se impone la fuerza que el orden. Esperando que las autoridades del Ministerio de Educación investiguen dicha irregularidad y sancionen la no planificación correcta de la seguridad, la disciplina, en las unidades educativas; indico otro abuso que se comete, la exigencia de directivos de que los estudiantes vayan a las clases presenciales con uniformes, otros con uniformes nuevos, a pesar de que el Ministerio de Educación dijo otra vez que las instituciones educacionales sean flexibles en el uso de estas vestimentas, ya que la situación económica del país está en retroceso en muchos hogares.

“Según la ministra de Educación, María Brown Pérez (...): No se puede exigir el uniforme como un requisito indispensable para acceder a clases”, (EL UNIVERSO, 19 de noviembre de 2021).

Otra situación caótica es el tráfico que se congestiona en los alrededores de escuelas, colegios, institutos; carros parados para dejar a los alumnos en las puertas de ingreso a los planteles, o recogerlos a la salida de clases, donde existe una total desorganización de los vehículos particulares y públicos. (O)

Gustavo Alberto Vaca Méndez, Guayaquil