Hacer una retrospección a la niñez, a partir de una edad septuagenaria, es un placentero viaje a los inicios de nuestra estancia en este mundo. Ello nos ayuda a llegar a la estación término, sin preocuparnos del pesado equipaje de la edad. Volver al inicio de la creación de la consciencia proporciona un intangible punto de apoyo, para catapultarnos a ese otro lado de la realidad que la imaginación nos anima a soñar, como continuidad a este probable tránsito cósmico; esto no es nada fácil de entender. (O)
Jesús Sánchez-Ajofrín Reverte, Albacete, España
















