El pasado sábado 21 de marzo se publicaron altisonantes declaraciones del viceministro de Asuntos Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossio, advirtiendo que “el sistema político cubano no es objeto de ninguna negociación”, a pesar de que el mundo entero sabe que ese sistema político ha fracasado no solo en Cuba sino en cualquier otro lugar del mundo donde se lo ha aplicado.

Quedé perplejo y, más que nada, sorprendido por el cinismo de dicho vicecanciller. Sin embargo, leyéndolo nuevamente, recordé el título del libro del intelectual nicaragüense Máximo Navas Zepeda cuando evocando una de las tantas expresiones visionarias que nos legara John F. Kennedy, recordó al afirmar que “aquellos que hacen imposible una revolución pacífica, vuelven inevitable una revolución violenta”. Entonces, Navas Zepeda se refería a la tozudez del dictador Anastasio Somoza Debayle, cuando no fue sensible a las demandas de los nicaragüenses cansados de soportar esa tiranía familiar. Finalmente, triunfó la llamada revolución sandinista que se suponía iba a reinstitucionalizar el sistema democrático, que inicialmente lo aparentó, pero que luego derivó en lo que es hoy una feroz tiranía, que trata de pasar de agache con su fachada aparecientemente democrática. El caso cubano es aún peor. Su pueblo, víctima del sistema totalitario que implementaron Fidel Castro y sus barbudos desde 1959, ha soportado con estoicismo las miserias impuestas por la revolución, sin esperanzas.

Ante esta realidad, no cabe sostener que es “totalmente inaceptable para Cuba cualquier pretensión de borrar la independencia de la isla”, como sostiene el vicecanciller, cuando es precisamente ese modelo político el que ha sometido a los cubanos a vivir en la indigencia. El rapto de Cuba debe cesar ya. (O)

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Xavier Neira Menéndez, economista, Guayaquil