En Mineápolis, una señora americana blanca (Renee Nicole Good, poeta estadounidense y madre de familia) con su vehículo se detuvo atravesada en la vía para impedir el tráfico.
El patrullero llegó, el agente de Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, sigla en inglés) se bajó de su vehículo y se le acercó, indicando que se baje del auto. Ella no obedeció. El agente intentó abrir la puerta del vehículo, pero tampoco lo logró, entonces la señora, intentó huir con el vehículo.
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El agente con su pistola en mano, le disparó en la cabeza; por la velocidad en la que iba, se estrelló contra un par de vehículos que estaban parqueados muy cerca del suyo.
Si la señora hubiera tenido un revólver, o alguna otra arma, quizás se hubiera justificado el disparo. El agente indicó que había seguido el “protocolo”.
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¿Por qué razón digo que al policía se le fue la mano? Porque bien pudo dispararle a las llantas, e igualmente el vehículo se hubiera detenido, sin necesidad de matarla.
En mi opinión a ese mal elemento de ICE deberían separarlo de la institución y juzgarlo por asesinato. (O)
Sucre Calderón Calderón, abogado, Guayaquil