¡Regálenme un poco de vida! Quizá a muchos les cause gracia pedir dicho regalo, pero si analizamos el contexto entenderíamos. Vivimos a prisa en la modernidad, la tecnología, las urgencias, el trabajo, etc.

No tenemos tiempo de apreciar estos momentos tan únicos. Se perdió el amor real.

Con un click se dice lo que antes se decía con el corazón; se dice: ‘TQM’ (te quiero mucho); enviar los emoji de una carita feliz, de un beso, de una cara de enojo, de tristeza, etc.

No sé, qué les gusta a ustedes, pero a mí aún me gustan las palabras que nacen del alma, no soy tan antigua como creen ni tan joven como quisiera, simplemente que el cariño antes era diferente.

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Yo aún conservo las tarjetas de los cumpleaños, las cartas de familiares que ya no están, el muñequito que no cuesta miles de dólares, etc., pero que guardan amor y cuando estoy triste los miro, leo de nuevo una y otra vez, y acaricio los recuerdos para recargar fuerzas.

Ya no hay tiempo. Vivimos en una ‘maratón’, los sentimientos quedaron para luego. ¡Regálame un poco de vida!

Recuperemos lo bonito de ser humanos, en vez de enviar una carita sonriente.

Dejemos un ratito el TikTok –”red social de origen chino para compartir videos cortos”–. Dejemos el Facebook, Twitter, un momento. Dejemos de poner en internet caritas que lloran de risa. Dejemos el juego en línea unas horas, en vez de enviar un ‘TQM’, en vez de enviar un emoji de un corazón, sentarnos junto a quien nos ama, llamémosle por el teléfono; esa persona que está lejos escuche nuestra voz, más personal. No esperemos que los demás sobreentiendan que los queremos, apreciamos. Escuchemos.

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No vivamos corriendo. Por creer que todo es urgente no olvidemos lo importante, ¡regalémonos vida! (O)

Aissa Tatiana Pazmiño Real, Guayaquil