Hace una semana empezó el toque de queda, y en Playas, el único balneario de agua salada en el Guayas, no ha ocurrido nada: las muertes violentas continúan, las extorsiones no cesan, nuestros servidores turísticos, emprendedores y pescadores continúan pagando ‘vacunas’ por miedo a ser una cifra o un número más dentro de las estadísticas de la Dinased.
Una conocida panadería cerró sus puertas. Desde el 2021 nos deleitaron con comida deliciosa y más de un ciudadano de Playas celebró en ese pequeño espacio confortable sus momentos especiales.
Nos pone tristes a todos su partida prematura, a quienes fuimos con fidelidad sus comensales, pero hay que ser enfáticos: pareciera que Playas no está siendo incluida en el plan de seguridad, los habitantes nos sentimos a la deriva.
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¿Cuánto más tenemos que esperar los ciudadanos de este cantón?
Sin embargo, pese a las adversidades somos resilientes, no perdemos las esperanzas, seguimos levantándonos con fé, pero no podemos ver a un lugar turístico despuntar si cuando somos eco es por noticias desgarradoras, donde nos desnudan con morbo como una ciudad con gran índice de violencia.
Es triste que la extorsión se ha convertido en un delito de mayor denuncia en Playas. La Fiscalía a diario está llena. Pero ¿qué está haciendo la Policía Nacional, y las demás autoridades que deben brindar seguridad, por nosotros, los ciudadanos de bien?
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Ante el silencio de las competencias del Gobierno, solo nos queda seguir viviendo y, con esperanza, decir que Dios nos proteja. Esperemos que esto cambie pronto. (O)
Carolina Calderón Muñoz, abogada, Playas















