La Muy Noble y Muy Leal ciudad de San Francisco de Quito, la carita de Dios, el punto de partida en el que Francisco de Orellana descubrió el gran río Amazonas, la antigua capital de la Real Audiencia de Quito, la actual capital de la República del Ecuador y, con eso, la capital más antigua de Sudamérica y la segunda más alta sobre el nivel del mar en el mundo.
No cabe duda alguna de que es de las ciudades más bellas. Pareciera que la mayoría de los quiteños no saben lo que tienen, y deberían descubrirlo para poder cuidarla y potenciarla como se debe.
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Algunos siguen creyendo que la ciudad es indigna, que sus habitantes están mal, y continúa el brote de pensamientos y comportamientos negativos, lo que va a terminar destruyendo lo que ahora es una cara joya.
El Municipio de Quito está conformado por quiteños, lo que significa que los que administran la ciudad podrían estar contaminados con el mismo pensamiento negativo hacia la ciudad que comparten algunos quiteños, lo que desemboca en corrupción, malas prácticas, robo, obras paupérrimas, vender la ciudad a precios ridículamente bajos a los inversores extranjeros, rechazo a los reclamos de la ciudadanía y, entre muchas otras cosas, encargarse de hacer mal a la ciudad.
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La responsabilidad por una mejor ciudad comienza por el que la vive día con día, por sus habitantes: ellos son Quito; ellos tienen el poder de construirla o destruirla. Quito son todos los quiteños, que nacidos allí o no, si la habitan, tienen la misma muy noble y muy leal responsabilidad de mantener su altura.
No dejemos que Quito quede en manos de personas indignas, no dejemos que Quito se vuelva campo de tiranos malhechores, no dejemos que Quito apague su luz. Por eso y mil cosas más, debemos entender que Quito no es cualquier cosa. (O)
Anthony Steven Ramia Mantilla, Quito