En una época de lo banal y superfluo cuánta falta hace elevar la mirada a lo sublime, a lo bueno, bello y verdadero, los trascendentales como los llamó el gran Aristóteles, porque traspasan a todos los seres y nos trascienden a nosotros mismos.
Esto nos ayudará a no quedarnos con una visión horizontal de la existencia, sino a otear el horizonte, nos retará a ser más; pero no solos, sino elevando a los demás para subir juntos contagiando una atmósfera de superación, en lugar de arrastrarnos en el fango de la corrupción, avaricia y violencia.
Así seremos con la mayor plenitud posible sirviendo en la realización de los demás, construyendo una sociedad que se desarrolla no solo en infraestructura, sino en derechos y deberes, en civilización. (O)
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Cristhiam Carpio Castro, Guayaquil


















