En los últimos días nuevamente hemos escuchado por parte de los administradores políticos de Guayaquil y de la provincia del Guayas la necesidad de que sus habitantes vuelvan al río Guayas como usuarios de transporte fluvial urbano, rural o turístico, lo cual suena interesante y, sobre todo, se lanzan a la opinión pública de tanto en cuanto seguramente para mantener atenta a la población antes de los procesos electorales. Cualquier intervención que se haga en beneficio de la colectividad no puede ser criticada, sin embargo, será necesario que las mismas se fundamenten en aspectos técnicos sólidos que garanticen su realización y posterior usufructo, frente a lo cual me permito establecer algunas dudas por su manejo.

Por un lado, la Alcaldía de Guayaquil anuncia que ya tiene listos los estudios para la Fluvivía a lo largo del río Guayas, para que sea usada como transporte fluvial urbano para descongestionar el tránsito de la ciudad, lo cual parece no tener objeciones; sin embargo, no se conocen detalles

técnicos del proyecto ni tampoco ha merecido la más elemental socialización a efectos de que podamos conocer sus características técnico–económico-financieras que lo hagan sustentable y sostenible en el tiempo.

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Adicionalmente, la autoridad provincial menciona que tiene lista una licitación para dragar el río Guayas, cuya extracción de material podría ser utilizada por el sector privado y así financiar dicha actividad, lo cual sería el complemento de un estudio de conservación de la cuenca hidrográfica que minimice la llegada de los sedimentos al río Guayas. En este aspecto, se menciona que ambas autoridades harán actividades coordinadas para optimizar recursos, lo cual es lo más rescatable.

El tema de la Fluvivía no es nada nuevo y ya el expresidente Borja implementó a lo largo del río Guayas, entre la terminal terrestre y el mercado Caraguay, algunos muelles. Se construyeron naves especialmente para ser usadas en el transporte público fluvial, lo cual se constituyó en un rotundo fracaso en cuyo contexto los muelles se fueron destruyendo poco a poco y las embarcaciones se destinaron al transporte fluvial en otras ciudades del país y, a estas alturas, seguramente ya no existen. Algunos dirán que las circunstancias actuales son diferentes, lo cual es verdad, pero siempre será bueno analizar por qué no prosperó dicho proyecto.

El problema es que normalmente no se sustentan en estudios técnicos que respeten o se acoplen a los procesos naturales que ocurren a diario en un estuario, sujetos a una lógica normalmente desconocida, en cuyo ámbito el dragado no es una opción, excepto que sea para usos específicos que no se visualizan en los proyectos que se quieren implementar.

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Se espera que las instituciones involucradas, más allá del interés político, no solamente hagan públicas las características del proyecto que se quiere implementar, sino que también se involucren en la recuperación del río Guayas, que está deteriorado. (O)

Jacinto Rivero Solórzano, ingeniero civil, Guayaquil