La mujer es el ser más sublime de la tierra, el motivo de la inspiración de poetas, compositores y filósofos. La mujer es parte imprescindible de la naturaleza humana, artífice de las leyendas que abarca la historia.

Brilla con luz propia como las estrellas y las tenemos consigo como el sol que sale diariamente para brindarnos calor y ternura.

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Dios proteja a todas las mujeres del planeta, particularmente a las de mi patria.

Escribo este tema trascendental de la mujer, a quien hay que amarla, considerarla y protegerla, en relación con el rechazo al femicidio, actitud déspota, machista, cobarde provocado por gente depravada carente de los más elementales principios y sentimientos del amor, la comprensión, el respeto y la paz.

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La mujer es una persona única que abarca un cúmulo de virtudes y facetas, tales como de amiga, hermana, compañera, hija, esposa y madre. Merecidamente se dice que a la mujer no hay que lastimarla ni con un pétalo de una rosa, sin embargo, como algo inconcebible el ser más sublime del planeta Tierra ha tenido que soportar desde la creación de la humanidad violencia y discrimen. ¿Por qué tuvo que ser ella la víctima? En muchos casos es motivo de persecuciones, vejámenes, atentados y muerte.

Es menester puntualizar que a lo largo del tiempo la mujer buscó la reivindicación en el trato en lo educativo, político y social.

La historia del mundo registra a grandes mujeres que lucharon para hacer valer sus derechos. Muchas de ellas nunca desmayaron en la persecución de sus objetivos e ideales: Rosa Parks (1913–2005), activista afroamericana que luchó contra la discriminación del color de su piel en Estados Unidos; Gabriela Mistral, sobrenombre, (1889–1957) se llamó Lucía Godoy Alcayaga, chilena, Premio Nobel de Literatura, 1945; madre Teresa de Calcuta (1910–1997), monja católica de Albania, naturalizada en India, fundó la congregación de las misiones de la caridad en Calcuta, Premio Nobel de La Paz 1979; Matilde Hidalgo de Procel, nació en Loja (1889-1974), fue la primera mujer en ejercer el derecho al sufragio en unas elecciones nacionales en América Latina, fue la primera bachiller del país y la primera en obtener el doctorado en Medicina; Rosa Elena Tránsito Amaguaña Alba, que nació en Pichincha (1909–2009), protectora de organizaciones autóctonas de campesinos del Ecuador, recibió los premios Manuela Espejo en 1997 y Eugenio Espejo en 2003.

Es larga la lista de mujeres destacadas que son parte de la historia, y justamente por esto es necesario reconocer su esfuerzo y los avances que han logrado a lo largo de la historia. (O)

José Franco Castillo Celi, psicólogo y médico naturista, Guayaquil