En un contexto sociocultural marcado por cambios acelerados y creciente diversidad, la construcción de la identidad se torna compleja, particularmente durante la adolescencia y la adultez emergente, etapas en las que la definición del yo y el sentido de pertenencia adquieren un papel central. En este marco surgen configuraciones identitarias como la identidad therian, que buscan dar coherencia a esta experiencia subjetiva. No obstante, este fenómeno suele ser interpretado desde prejuicios o juicios morales que obstaculizan su comprensión. Desde una psicología basada en la teoría, resalta la necesidad de sustituir la valoración moral por un análisis funcional que permita comprender su significado y su impacto en la adaptación individual.
Aunque la evidencia empírica disponible es limitada y mayoritariamente cualitativa, los estudios se centran en procesos de identidad y pertenencia más que en indicadores de psicopatología, por lo que no puede afirmarse que la identidad therian constituya, por sí misma un trastorno psicológico. La literatura la describe como una forma compleja de identidad no humana cuya funcionalidad depende en gran medida del contexto.
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Desde la teoría del desarrollo psicosocial de Erik Erikson, particularmente en la etapa adolescente de identidad versus confusión de rol, la tarea central consiste en consolidar una definición coherente del yo. En este marco, la identidad therian puede entenderse como una modalidad específica de exploración identitaria, cuyo ajuste dependerá de su integración armónica con otras dimensiones personales y sociales. De manera complementaria, el modelo de necesidades de Henry Murray permite interpretarla como una posible respuesta a necesidades de pertenencia y afiliación; así, el apoyo del entorno puede favorecer la cohesión personal, mientras que el estigma incrementa el riesgo de malestar y aislamiento.
La identidad therian no debe abordarse desde la patologización automática. El análisis psicológico debe centrarse en comprender la función que cumple en la vida de la persona y su impacto en la adaptación. Comprender antes que juzgar es no solo un principio ético, sino una exigencia científica. (O)
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María Soledad Carrión Rojas, profesora de Psicología de la UIDE, Loja