He trabajado 70 años en compañías de seguros y puedo dar testimonio de algunos ocurridos en Quito y Guayaquil. El de Quito fue en una fábrica de textiles que tenía una gran bodega de pacas de algodón. Las pacas se consumían como se consume un cigarro. No salían llamas, sino humo, pero fue difícil combatir el incendio que costó algunos millones de sucres, fuertes en aquellos años.

El otro incendio, en Guayaquil, fue en un gran almacén que se llamaba la Casa Tosi. Ocupaba todos los pisos de un edificio de seis. En el cuarto había una cafetería. Allí se produjo un cortocircuito que contaminó materias inflamables. En otro piso había una gran cantidad de juguetes de plástico. Este material contiene una síntesis química de varios ácidos que se liberan con el fuego y generan un humo negro, denso, que penetra las paredes al punto de que, para repararlas hay que raspar algunos centímetros las paredes de ladrillos o de bloques de concreto, volver a enlucir y pintar.

Las personas que inhalan ese humo pueden morir en pocos minutos si se quedan atrapadas. Los plásticos son materiales muy peligrosos, deben ser embodegados con las debidas precauciones, no cerca de otros materiales inflamables como el algodón o fibras sintéticas.

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Las bodegas deben ser diseñadas y ocupadas dejando espacio para la movilización de los empleados y los bomberos en caso necesario.

Es un caso de culpa grave la forma como se han embodegado las mercaderías en los edificios que se han incendiado en los últimos días y la investigación técnica de los bomberos debería ser conocida por la Fiscalía para establecer responsabilidades.

Las grandes reaseguradoras mundiales como la Munich Re y la Swiss Re tienen publicaciones técnicas sobre estos temas, incendios en edificios altos, materias plásticas, etc. Ellos realizan sus propias investigaciones sobre estos asuntos y las publican en español. (O)

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Eduardo Peña Triviño, Quito