El derecho ha seguido al ser humano como su sombra desde el principio de la civilización, proporcionando el orden necesario para nuestras relaciones sociales. En un mundo cada vez más globalizado, el derecho internacional y particularmente en materia de derechos humanos surge con el propósito de promulgar la paz y proteger a su creador, nosotros, los humanos.
Tal vez deberíamos reflexionar sobre qué se debe hacer cuando nuestra creación no produce los frutos esperados. Los regímenes autoritarios de Chávez, y posteriormente de Maduro, han dejado consecuencias catastróficas. El 86 % de los hogares venezolanos se sitúa en pobreza multidimensional, aproximadamente ocho millones de venezolanos han migrado (el 27 % de su población), y un tercio de la población sufre inseguridad alimentaria moderada a grave.
El derecho internacional no fue concebido para amparar esto ni para escudar a delincuentes. Frente al principio de no intervención también existe la obligación internacional de proteger a las poblaciones de atrocidades. Estados Unidos no ha atentado contra la soberanía venezolana, sino que ha actuado contra el crimen organizado al capturar a un supuesto narcotraficante, Nicolás Maduro.
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Maduro no es reconocido como presidente legítimo por amplios sectores de la comunidad internacional, lo que contextualiza la decisión de ponerlo a disposición de la justicia estadounidense para que rinda cuentas, respetando garantías procesales.
Como comunidad internacional le fallamos a Venezuela: dejamos caer el gigante petrolero ante nuestros ojos. Hoy nos excusamos con el derecho internacional, donde el ego supera la libertad venezolana. Excusándonos en un no intervencionismo rígido, distrajimos la moral, nos vendamos los ojos y tapamos los oídos por 28 años, viendo morir de hambre a una nación entera que clama ayuda. La óptica del jurista no es una lectura literal de la ley, sino analizarla y deducir su espíritu.
El futuro de esta nación latinoamericana permanece incierto: ¿acaso se convertirá en el próximo Puerto Rico?, ¿se quedará Estados Unidos con el petróleo que está en Venezuela?, ¿habrá realmente nuevas elecciones? Reina la incertidumbre, pero de algo podemos estar seguros: lo que viene para Venezuela será mejor. (O)
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Denisse Camacho, estudiante de derecho, Guayaquil

















