La deuda externa no se paga devolviendo celulares. El déficit en la caja fiscal no se soluciona quitándole el sueldo vitalicio a algún exmandatario. Tampoco el Estado plurinacional se ratificará porque una representante del pueblo indígena presida una Asamblea, que en sus primeros días lo único que ha demostrado es que quieren comerse vivos para pescar una cuota de poder.
Lo anterior es remanente de la campaña que los grandes “analistas” piensan que se decidió por lucir zapatos rojos. Ahora lo importante es que quienes están en el poder dejen de creerse influencers de TikTok y se pongan a actuar como lo que son: mandantes. Es momento de tomar decisiones difíciles. El pueblo está cansado de ver que quienes administran el país se terminen convirtiendo en un chiste, para mediatizar algún tema intrascendente y la prensa siga el titular como cachorro tras una pelota en lugar de informar asuntos relevantes. Existen dos caminos que podrá tomar el Gobierno: el primero será contentar con acciones populares y palabras bonitas para ganarse el favor del pueblo y ganar las elecciones seccionales, que aunque están lejos, para los políticos es la meta que nunca pierden de vista; el segundo camino será enfrentar los problemas de fondo del país y tomar decisiones que la oposición tratará de deslegitimar diciendo “si me hubieran elegido yo lo hubiese hecho mejor”, aunque saben que es mentira. Gobernar no debe ser un concurso de popularidad, sino tomar decisiones que beneficien al país de manera sostenible, aunque no generen aplausos y adulaciones a los que los políticos se han acostumbrado. (O)
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Francisco Andrés Ramírez Parrales, máster en Comunicación Estratégica, Samborondón