Un principio zen que dice que finalmente el arquero apunta su flecha a sí mismo porque el que se enamora es uno y hay que ver qué argumentos usar para convencer a la otra persona que también lo ame, entre seres inteligentes, siempre será la sencillez, la delicadeza, la sutileza, la suavidad, la candorosidad. Lo uno lleva a lo otro.
Febrero es el mes del amor; por eso es tan corto, porque las cosas buenas se viven desde el alma, porque esta es inmensamente poderosa, infinita y eterna, y el amor se capta en segundos y es para toda la vida. Si lo encuentras –que no es fácil–, no hay que dejarlo pasar. Pierre Teilhard de Chardin lo compara con la energía inconmensurable de los átomos no alineados o la inteligencia innata del genoma. Por eso agredir o herir a un ser que se dice amar es una felonía, porque es herirse a uno mismo o herir a la divinidad.
Pierre Teilhard de Chardin, jesuita, filósofo y científico, entendía que el espíritu y la materia eran dos aspectos distintos de una misma esencia cósmica sin necesidad de que eso engendrara ningún conflicto intelectual. Por eso el hombre y la mujer, con toda su energía material, están íntimamente conectados con el amor. Es algo que jamás dejará de existir, porque nacimos para amar. Ese es nuestro principal propósito en la vida y en este debemos depositar y entregar toda nuestra vida.
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El amor es como el viento, que nos da la vida y al mismo tiempo puede con el aleteo de una mariposa convertirse en un huracán, y al viento no lo podemos ver, pero está ahí como el amor, haciéndonos sentir que la vida es posible. No conseguimos nada sin amor; seríamos como un tambor que suena o un címbalo que retiñe. En fin de cuentas, no somos nada sin amor. Robert Browning dijo que sin amor nuestra tierra es una tumba. (O)
Hugo Alexander Cajas Salvatierra, médico y comunicador social, Milagro


















