El diario convivir con mis congéneres citadinos, campesinos y de otras latitudes de mi patria ha exacerbado mi suspicacia para detectar “cuánta viveza criolla” quieren exhibir conductores con sus vehículos, pero que no es otra cosa que una generalizada y normalizada muestra de incultura y poco o ningún amor propio, menos por los demás, cometiendo atropellos en contra de la seguridad, el orden ciudadano y la ley, a lo que las autoridades competentes dan poca importancia.

Es común que muchos vehículos carezcan de placas o las tengan visiblemente alteradas, si no ubicadas estratégicamente para no ser identificadas. Poseen vidrios polarizados tan oscuros que no permiten ver a los ocupantes. Están dotados de luces led que ofenden la visión de los conductores de adelante o detrás. Enormes plataformas cargadas de grandes contenedores, remolques y volquetas descomunales ruedan por avenidas de prohibida circulación para ellos, ocupando carriles no autorizados y a velocidades no permitidas.

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Los conductores irrespetan las señales de tránsito tanto verticales como horizontales; no se diga los semáforos. Muestran gran violencia e irrespeto total a los peatones y a otros conductores, exteriorizando frustración y emocionalidad desmedida al usar lenguaje procaz a todo pulmón. Al rebasar lo hacen con temeridad, poniendo en peligro a otros conductores y a ellos mismos. Parquean sus autos en lugares restringidos mientras, según ellos, “realizan gestiones”.

Es evidente el aumento desmedido y no planificado de automotores en relación con las vías existentes, que no fueron construidas con la previsión futurista, con rutas, accesos y salidas adecuadas.

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Se hace necesario un control más estricto y una legislación que se vaya ajustando a los tiempos. Dicho esto, es imperativo educar al conductor mediante obligatorias charlas inductivas de actualización como requisito para matricular su vehículo, para normar sus conductas psicosomáticas y comportamiento social, donde el respeto, tolerancia y empatía sean los valores ético-morales a practicar para merecer conducir un vehículo. (O)

Joffre E. Pástor Carrillo, educador, Guayaquil