Escribo este homenaje el Día del Maestro Ecuatoriano, 13 de abril, día en el que fue el sepelio del licenciado Arturo Pezo Quimí, un ciudadano que no solo inculcó valores desde el aula de clase; también luchó por los derechos de los pobres, los más desposeídos, los obreros, campesinos, amas de casa, profesores, del pueblo oprimido.
Lo conocí en un trayecto de su vida, desde 1980 aproximadamente, y puedo asegurar que fue una gran persona. Fue presidente de la comuna San José de Amén. Quiso hacer una institución participativa, democrática, al servicio propiamente de los campesinos. Luchamos hombro a hombro con grandes amigos
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y jóvenes comandados por otro maestro que era jubilado. Luchamos incansablemente, sin dar tregua a los enemigos. Sin embargo, la sinrazón nos alcanzó y pudo más; y, como nadie es profeta en su propio pueblo, terminamos en el olvido.
Volviendo al caso del licenciado Pezo, recogiendo las palabras que dijo en su libro Mi desafío es tu desafío, publicado en julio de 2025: “Dios nos hizo a su imagen y semejanza y Él representa la mayor grandeza creadora, infinita e invencible. Sin temerle, ¿por qué no emulamos lo grandioso de su creación? Todos nacimos iguales y poco a poco con el tiempo vamos creciendo, vamos creando la diferencia entre nosotros, un mundo diferente, los mismos órganos, ni una célula de más, ni una cédula de menos, todos respiramos el mismo aire. Entonces, ¿por qué actuamos diferente?”.
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Como amigo, una gran persona; como ciudadano, un gran ciudadano; como comunero, un gran comunero; como hijo, un gran hijo; y como esposo y padre de familia, a veces fallamos los seres humanos. Su esposa e hijos sabrán comprenderlo y nuestro Dios sabrá perdonarlo.
Adiós, amigo querido, te despido con toda el alma. Que descanses en paz. (O)
Francisco Marcos Anastacio Valarezo, profesor, Progreso