Si hay algo que debemos tener presente para avanzar con salud y vigor es el sentido del humor. Lo he podido apreciar en amigos que han logrado llegar y superar la sub-80 (los ochenta años). Es envidiable el pletórico optimismo en la forma de ser y expresar su alegría de vivir.

Es bueno rodearse de personas con este divino don de fácil sonrisa, de gratos modales, educación.

La gente con espontánea cordialidad actúa de manera natural, se expresa con notoria sinceridad. Mantiene idéntica actitud cuando estás presente o ausente. No hay sorpresas.

Estas líneas son vivo testimonio de lo que expreso, pues tengo la suerte de contar con la amistad de personas con estas características. En realidad, constituye un maravilloso privilegio. Hay personajes de la academia, educadores, periodistas y de varias profesiones de quienes conservo gratos recuerdos. Amigos muy divertidos en que destacan la sinceridad, la alegría, la cultura.

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Los estados de regocijo espiritual son necesarios para alcanzar la anhelada plenitud en nuestro día a día.

Hay tantos síntomas que se tornan peligrosos para nuestra salud y la mente; podrían ser tratados con risoterapia, una alternativa natural para mejorar los momentos de angustia, de la depresión.

Compartir con los verdaderos seres queridos, los amigos, los vecinos, los buenos compañeros de trabajo, en fin, seguramente hay personas que esperan por nosotros para incorporarlas a nuestro pequeño círculo de afectos.

En mis programas de radio, acostumbraba compartir la estrofa de una canción de Palito Ortega, cantautor argentino; dice: “Hay que cantar, hay que reír, hay que tratar de ser feliz, que se va la vida y sin alegría para qué vivir”.

Tratemos de hacer más llevadero el tiempo que nos queda por vivir. (O)

Fernando Héctor Naranjo Villacís, licenciado en Comunicación, Guayaquil