La inteligencia es la facultad del conocimiento, de adaptación, de síntesis y de unidad. En otras palabras, es la capacidad que tiene toda persona para entender las cosas. Dios ha dotado al cerebro del hombre con más de cien mil millones de neuronas o células nerviosas, cada una capaz de captar una idea. Imagínese que nace de cero hasta llegar al infinito. Estoy convencido de que, en toda una vida, ni leyendo todos los días y dejando de dormir y comer, se podría llegar a satisfacer o llenar todas estas células.
Luis Alberto Machado (venezolano), ministro de Estado para el Desarrollo de la Inteligencia, designado por el presidente Luis Herrera Campins, en sus libros: La revolución de la inteligencia y El derecho de ser inteligentes, declara que la inteligencia no depende del color de la piel ni de las condiciones físicas, económicas o sociales, peor raciales. Que todos los seres humanos normales somos inteligentes. Que nadie nace genio, ni predestinado a serlo. Que todas las neuronas de todos los seres humanos son iguales, aunque su nombre sea Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Mozart, Aristóteles, Einstein, etc.
Luis Alberto Machado fue calificado por algunos como un mitómano e iconoclasta y no podía ser de otra manera. En una sociedad en la que unos pocos con conocimiento de causa y otros que ni la conocen creen que la educación y la cultura son privilegio de las minorías, porque saben que ellas, históricamente, han sido instrumento de poder y de dominio. Para Unamuno, “más que el mundo que dejamos a nuestros hijos” su mayor preocupación era, los hijos que le dejamos al mundo. Esa es nuestra angustia. Que, siendo iguales, intelectualmente, a los gringos, asiáticos y europeos, tengamos que dejar para ellos el desarrollo y el progreso, mientras que nosotros, en medio de tanta riqueza natural, llamamos a otros para que la exploten, como si no fuéramos capaces de hacerlo. Hay genios enfermos, locos, delirantes y tardíos, pero lo que no hay es genios sin estudio, sin curiosidad, sin trabajo y sin constancia.
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El problema nuestro es cultural. Debemos usar nuestra inteligencia para vivir mejor. Somos un país inmensamente rico, pero como no todos usamos la inteligencia, solo unos pocos se benefician de la riqueza. Descubrimos el petróleo y, paradójicamente, nos volvimos más pobres. Esto no pasa en Asia, Europa o en Estados Unidos, donde la gente conoce sus deberes y derechos, porque la mayoría está preparada y no se deja manipular, peor explotar por unos pocos “vivos”. (O)
Hugo Alexander Cajas Salvatierra, médico y comunicador social, Milagro

















