¡La Ruta del Sol, una maravilla! Sí, ese es el término, desde que llegamos hasta que nos regresamos.

A la Ruta del Sol nos dirigimos desde la ciudad de Guayaquil de sur a norte, por el perfil costanero Santa Elena–Manabí.

Existe un clima inmejorable, mucho sol y buen viento, justo para pasear en velero; lo hice por primera vez en mi vida, pese a los 40 años que mi hijo tiene en la práctica del velerismo.

Un buen amigo de mi hijo le facilitó una embarcación con marinero incluido. Viajamos un poco de ladito en unos momentos y otros del otro lado, unos ratos con las velas desplegadas, otros sin una, otro rato anclados disfrutando del paisaje con un mar verde como ninguno.

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La puntilla de Santa Elena es un espectáculo, da la sensación que uno vive entre dos océanos distintos desde donde lo mira, desde un velero, un balcón, loma...

Almorzar, cenar, desayunar con comidas de mar. Pasamos a Olón, en el norte de la parroquia Manglaralto del cantón y la provincia de Santa Elena, ahí pernoctamos. La playa estaba llena de niños con sus padres, en esos juegos de playa para entretenerse por horas metidos en el mar.

En la tarde, regresamos a la comuna de Punta Blanca, a 10 kilómetros del balneario Salinas, el mar es tranquilo, azul, existen bonitos hoteles y casas. Hicimos una parada técnica para caminar, apreciamos varios complejos de los alrededores, grandes desarrollos inmobiliarios que hay por esos lares.

En la playa no se puede desistir del menú de las tortas de choclo, de maduro, tortillas de verde, del café..., a eso de las 18:00.

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Tuvimos un paseo de feriado lindo en la Ruta del Sol. Los ecuatorianos deben hacer turismo por esta ruta. Finalmente, regresamos a la ciudad de Guayaquil a cumplir con nuestras obligaciones correspondientes. (O)

Sucre Calderón Calderón, abogado, avenida Samborondón