Considero que si Alfred Nobel estuviera vivo, se estuviera revolcando del coraje al ver que un hombre –en mi opinión– loco, egocéntrico y ambicioso al poder posee el premio más sublime que en el mundo puede existir: el premio Nobel de la Paz.

La líder de la oposición venezolana María Corina Machado había ganado el Nobel por su larga lucha por el regreso de la democracia en su país. Se necesita mucha valentía para oponerse a un régimen cuando se está en desventaja y aun así María Corina Machado lo hizo.

Pero su valentía llegó hasta que Donald Trump apareció en el escenario, esta vez el galardón era otro: el poder en Venezuela.

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Solo hay un ganador en esta fábula de disparatados y sedientos por el poder, y ese es Donald Trump, quien ha movido las piezas a su antojo y hasta ahora no hay quién le muestre oposición al líder de uno de los países más poderosos del mundo.

Y mientras Donald Trump se regocija con el Nobel de la Paz y amenaza la paz mundial, María Corina Machado entró en otra batalla con Delcy Rodríguez (actual presidenta de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos), ¿quién de las dos se queda en Venezuela?, ¿quién de las dos logrará agradar y satisfacer a Trump? El desenlace aún está por verse. (O)

Wendy Nathaly Zambrano León, maestra, Guayaquil