Los índices de desnutrición y enfermedades catastróficas, en especial de los países del centro y sur de América, África y Oriente, están en proceso de terminar con su población por la falta de alimentos. Cada uno de estos países tienen productos ancestrales que no les dan importancia para alimentar debidamente a su población, puesto que cada día están subiendo las tasas de desnutrición y mortalidad que diezman la población mundial. Si nos trasladamos a nuestros ancestros, los aborígenes en su mayoría no morían por desnutrición, ni por enfermedades corporales, peor catastróficas, sino por guerras con armas de la época, pero tenían una alimentación sobria y con buenos nutrientes. En Ecuador, como en otros países, existen muchos productos alimenticios que son repetitivos en las dietas y sustentaciones diarias de los ciudadanos, pero que contienen ciertos químicos que pueden ser perjudiciales.
Obviamente el Gobierno ecuatoriano, en su Constitución, reza el artículo 281 que debe cuidarse a los ciudadanos en su alimentación, paradigma que lo podrían seguir los demás gobiernos de otros países. Considero que otros países deben exigir que se cultiven productos orgánicos alimenticios como hortalizas, gramíneas y demás tubérculos muy necesarios para la salud. Por ejemplo, los aborígenes de nuestros ancestros y de otros países consumían productos ancestrales y se mantenían en buena forma, además no registraban enfermedades al menos por desnutrición. Entre los alimentos que podemos producirlos, sembrándolos en nuestras tierras, tenemos amaranto, oca, mashua, espirulina, quinoa, jícama, chayote, cauca, jengibre, ajo, cúrcuma, miel, máchica, habas, morocho, arroz de cebada, etc. Son productos alimenticios sin químicos, más saludables que necesita el ciudadano del mundo para sobrevivir y obtener un desarrollo nutricional. Ejemplos para los demás países del mundo, con la ayuda de sus gobiernos y de otros organismos mundiales, para erradicar el hambre. En Ecuador el Gobierno podría conceder préstamos a quienes los van a producir y comercializar. La tierra es el lugar apropiado para cultivar lo que el hombre necesita para cuidar su salud y saciar el hambre. (O)
José Arrobo Reyes, economista y CPA, Guayaquil


















