Trabajamos, aportamos al IESS, pagamos impuestos. Envejecimos, nos hicimos sabios, sufrimos, pero nunca perdemos fe y alegría de vivir.

Soportamos dos guerras..., 20 años de dictadura y 10 de tiranía. Nos toca hoy en día enfrentar la pandemia del COVID-19, nos encerramos, dejamos de ver a nuestros hijos, nietos y amigos, modificamos la manera de cumplir nuestras tareas, hemos perdido muchos familiares y amigos que no soportaron el ataque del virus. Ahora tenemos más de 65 años de edad, merecemos la verdad, y no maltratos: nos hicieron perder días llenando un formulario en internet para inscribirnos en la vacunación contra el COVID; luego dijeron que no era necesario el formulario para los jubilados (los no jubilados quedaban en el limbo). Luego dijeron que comunicarían las citas, pero las comunicaciones no llegan y cuando llegan las hacen en la noche del día anterior a la cita, como si fuera fácil recibir mensajes en el celular de tu nieto o de un buen samaritano, conseguir transporte para asistir a la cita puntualmente. Los que diseñan esto piensan que todos tienen correos electrónicos, celulares, computadoras y los usamos como muchachos vagos, y dirán que no hay computadoras, personal, para hacer esa labor.

¡No somos tontos! Si nos atrasamos en pagar el IVA o IR nos mandan mensajes, correos, llaman para cobrarnos. Si dejamos de ser empleados y no aportamos al IESS, al día siguiente nos llaman para ofrecer el seguro voluntario. Para sacarnos plata son número uno. Anuncian que hay una página digital para agendar citas; no funciona. Y el presidente de la República dice con voz de abuelo bonachón que todo está bien. Vemos que muchos apadrinados se vacunan y a nosotros nos dicen que en tal pueblo o cabecera cantonal están vacunando. ¡Qué desastre! Han pasado seis ministros de Salud y no pueden resolver el problema. (O)

Raúl Antonio Feraud Morán, Guayaquil