Son como 200 días de clases los que tiene programado el Ministerio de Educación por año lectivo, sin contar supletorios y exámenes de suficiencia. No sabría decir el nivel de educación, pero mundialmente está inmerso en romanticismos que han devenido en el irrespeto a la autoridad y la falta de consecuencias graves que acarrean la vagancia, las malas notas y, justamente, el irrespeto por los pares y la autoridad.

Los niños que entran en mayo esperan, después de Navidad y Año Nuevo, gastar sus últimas energías en enero, pero lamentablemente se encuentran con un cronograma que los lleva a asistir hasta febrero. Algunos estudiantes harán exámenes después de carnaval, en medio de lluvias, mosquitos y grillos. Los estudiantes que entran en abril salen en enero y terminan igualmente extenuados.

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Este despropósito fue creado en la década ganada, sin siquiera dar respiros de varias semanas, salvo el obligatorio asueto navideño.

Pero el despropósito no ha servido de mucho, pues, por más esfuerzo que parece que hay en los diez meses de clases, la calidad sigue dejando mucho que desear y la normativa perenniza la mediocridad. Basta con ver a los estudiantes que llegan a la universidad sin saber sumar, restar, leer ni escribir.

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Esto es aparte de las dolorosas carencias en sectores pobres y el aprovechamiento por parte de quienes se lucran del aprovisionamiento de las escuelas y los colegios del Estado. También se suman las pobres consignas marxistas de los gremios y las taras mentales que nos han clavado en la mente, discutiéndose todavía los puntos positivos de la década perdida del socialismo del siglo XXI sin reparar los graves daños a toda Latinoamérica.

Espero que pronto le bajen los días al cronograma, torturen un poco menos a los niños con tantos días de clases y, a su vez, se impulsen las actividades extracurriculares deportivas y artísticas, que están en poder de entes privados del deporte y el arte, las cuales sí se necesitan y son del gusto del estudiante. (O)

Roberto Francisco Castro Vizueta, abogado, Guayaquil