Desde esta tribuna del pensamiento y la justicia, el 8 de marzo nos convoca a reflexionar sobre un tema clave para el desarrollo integral del Ecuador: la vigencia real y efectiva de los derechos de la mujer. El Día Internacional de la Mujer, proclamado por la ONU en 1975, tiene su origen en las luchas obreras de inicios del siglo XX, cuando miles de mujeres exigieron condiciones laborales dignas, igualdad salarial y derecho al voto. No es una fecha comercial; es una jornada de memoria histórica y reivindicación de derechos.

¿Por qué se recuerda esta fecha? Porque la igualdad no fue una concesión espontánea, sino el resultado de procesos sociales, jurídicos y políticos que aún continúan. El 8 de marzo no es solo para celebrar; es para evaluar cuánto hemos avanzado y cuánto falta por construir en materia de equidad, participación y erradicación de la violencia.

¿Por qué el 8 de marzo se conmemora el Día de la Mujer?

En el Ecuador, la Constitución de 2008 reconoce en su artículo 11 el principio de igualdad y no discriminación, y en el artículo 66 garantiza el derecho a una vida libre de violencia. Estos postulados se armonizan con la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José) y con la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, instrumentos internacionales que obligan al Estado a adoptar políticas públicas efectivas.

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Hoy, la mujer ocupa cargos trascendentales en funciones públicas y privadas, lidera empresas, administra justicia y legisla. Pero ese protagonismo exige preparación intelectual y tecnológica permanente. El respeto y la admiración no deben basarse en discursos, sino en el reconocimiento de su capacidad.

El 8 de marzo es memoria, pero también compromiso: construir un país donde la igualdad no sea aspiración, sino una realidad. (O)

Elio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, El Coca