Hace más de 25 años las protestas y manifestaciones de los jóvenes alemanes de la RDA (República Democrática Alemana) acabaron con el oprobioso sistema destacado solo por esa máquina de espiar y hacer daño que fue la Stasi. ¡Se imaginan todo un país que solo puede ser contado y destacado por su aparato de espionaje! Los alemanes del Este ya no querían seguir viviendo para que otros contaran la historia que ellos querían vivir. Aquello fue el fin de algo iniciado años antes en Hungría, Praga y luego en Polonia. Terminó por sus mismas contradicciones un partido que impuso el unicato como dogma y sinrazón. Mientras sus hermanos de al lado crecían en un mundo competitivo, ellos detenían a prisioneros por pensar diferente para luego canjearlos por dinero de su archienemigo: ¡la misma República Federal de Alemania!
Esta semana en Berlín he quedado más que convencido de la necesitad de construir modelos en democracia que lleven a la libertad. Ese es el final del camino humano siempre. Y contra eso no hay retórica ni muros que puedan levantarse. Lo supieron los alemanes en aquel noviembre de 1989 y lo sabemos nosotros los latinoamericanos que a pesar de que algunos aplaudan a Raúl Castro en la última Cumbre, la libertad de la que carecen los cubanos o los venezolanos nos debe llevar a la eterna tarea de rescatar para nuestra historia el destino de nuestros hermanos en desgracia.
Es probable que ellos solo deseen saber que hay un mundo que no tolera la ausencia de libertades y que después de años de fracaso de un modelo como el comunista de los Castros y del dispendio de Chávez y Maduro, lo que nos queda es hacerles saber a ellos que no están solos. En conversación con disidentes alemanes, les preguntaba ¿qué querían del mundo en aquellos momentos sin libertad? Solidaridad me dijeron. Como cuando John F. Kennedy dijo en su visita que “todos éramos berlineses”. Qué golpe de coraje para los pueblos oprimidos una frase como esa. La que despierta y demuestra que venezolanos ni cubanos no están solos en su lucha por la libertad. Que la prisión de muchos, el hambre y el fracaso del modelo social, político y económico no puede hoy maquillarse con medidas cosméticas. Esos pueblos quieren libertad para decirles a sus gobernantes que están equivocados o para denunciar sus actos de corrupción sin terminar como muchos en las cárceles como acontece hoy en Cuba y en Venezuela. Esos modelos no aguantan más y sus gobernantes como sus corifeos lo saben más que ninguno, que simulan que nada acontece cuando en verdad el agua les está llegando al cuello.
En esta eterna lucha entre la opresión y la libertad, así como aquí en Berlín, todo se acabó en 1989, la lucha por esa condición natural del ser humano debe continuar, y para los que pasamos por lo mismo es importante saberse acompañados. Por eso América Latina no debe acabar de gritar: Libertad, libertad, libertad para adentro y para los que luchan por ella.
Como antes y más que nunca ahora, por aquellos encarcelados por buscar expresar lo que sienten hacia sus mandatarios de ocasión. De pie, América Latina, por la libertad para derribar muros y temores.(O)
Esos pueblos quieren libertad para decirles a sus gobernantes que están equivocados o para denunciar sus actos de corrupción sin terminar como muchos en las cárceles como acontece hoy en Cuba y en Venezuela. Esos modelos no aguantan más y sus gobernantes como sus corifeos lo saben.








