“Hay que gastar la vida hasta dejarla exhausta”, reza un poema de Antonio Santos, pero ¿qué es una vida? Puede oscilar entra la tragedia griega y la comedia de bulevar. Miguel Donoso Pareja, no recuerdo dónde, escribe: “Vivir es recordar lo que no existe”, pienso que puede ser lo contrario, pues vivir es tomar constantemente conciencia de todo lo que existe y en el caso de Miguel seguirá existiendo el humanista a pesar de haber aparentemente fallecido. Vivió la vida con tremendo entusiasmo, fuimos compañeros en el trajín del periodismo; se atrevió a publicar, riéndose mucho, un artículo mío totalmente escrito en latín. Me dijo que deseaba que escribiera otro en griego y que bebiéramos el vino de Falerno cantado hace dos mil años por Horacio, pues lo bebimos. Muchos amigos míos murieron en el pleno verano de su vida, unos exprimieron la vida hasta vaciar la copa; no hay edad para morir. El sentido del humor –al que pocos toman en serio– nos permite mirar el mundo al revés, escarbando lágrimas en cada risa, hallando frenesí en el más despiadado sufrimiento. Como hay portadores de luz, hay por doquiera apagavelas, es imperativo aprender a ignorarlos. Si unos irradian alegría y otros mean vinagre, es obvia nuestra elección.

Dicen que debemos plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo: lo tomé al pie de la letra, publiqué cuatro libros, sembré unos cuantos árboles y cinco hijos, vivo mi otoño a plenitud y llegaré liviano de equipaje cuando me toque la hora de volver a la nada de donde vine. Solo temen a la muerte quienes no aprendieron a vivir con ella como si fuese una mascota cualquiera. Gastar la vida es aprovechar cada experiencia, saber, sin por eso desganarnos, que morimos un poco cada día desde el momento en que pisamos el planeta.

Hay que juntar migajas, ripios, la felicidad absoluta es burbuja inasequible e inaccesible, parte de ella consiste en alejarnos de todo lo que amarga, las cosas molestan solo cuando permitimos que lo hagan, es imperativo saber llegar a la impavidez. Durante más de treinta años en la TV planteé a más de mil personajes la pregunta clave: “¿Es usted feliz?”; la respuesta desnudó a cada entrevistado. Rafael Correa debe aprender que la mejor opción frente a una burla es el silencio, rascar una herida es impedir que cicatrice; los seres tienen la importancia que nosotros les damos. Debemos burlarnos de nosotros mismos antes de que los demás lo hagan: se llama tener sentido del humor. Bonil, como todos los caricaturistas, nos puede revelar cosas de nosotros que ignoramos, el humor juega con la subconsciencia. Cuando Humberto Moré pintó mi retrato en 1965, vio en mí lo que solo ahora, cincuenta años después, puedo yo escudriñar. Guayasamín me dijo en una entrevista: “Un retrato exalta o araña según lo que ven mis ojos en cualquier sujeto”. Joan Manuel Serrat me confesó: “Solo doy importancia a la gente que me importa”. Aprendí la lección: solo sirve el afecto a lo largo de una vida. (O)