No queda duda en Venezuela de la supremacía de Estados Unidos en materia de ataques militares quirúrgicos, de guerra electrónica y de inteligencia luego de lo visto la madrugada del sábado 3 de enero.

El reloj marcaba las 2:00 am y las primeras bombas alarmaron en una capital que dormía: Caracas. En minutos, otras eran lanzadas hacia objetivos castrenses en los estados Aragua y La Guaira.

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La operación militar -ordenada por el presidente estadounidense, Donald Trump, en Venezuela- era real. Había cruzado la imaginaria y delgada línea de la amenaza a la acción.

El decisivo papel de los aviones ‘Growler’ en la guerra electrónica: Cómo operaron en el ataque militar de Estados Unidos a Venezuela

Mientras aeronaves estadounidenses eran captadas en tomas de celulares cuando sobrevolaban el cielo capitalino, las fuerzas de Estados Unidos con su potente armamento iba neutralizando bases aéreas, cuarteles y nodos estratégicos del país, reseña Zona Militar.

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La operación, para expertos en el tema fue “corta” y señalan que en corto tiempo “lograron degradar y cegar los sensores clave del dispositivo defensivo, abriendo el camino para el empleo de las capacidades aeromóviles expedicionarias del 160th Special Operations Aviation Regiment, unidad conocida como Night Stalkers (Acechadores Nocturnos).

Neutralizaron radares

En el ataque militar se produjo la neutralización de los radares y esto, explican, “impidió cualquier empleo efectivo de los sistemas antiaéreos de mayor alcance, incluidos los complejos S-300V y Buk-M2, adquiridos a Rusia para conformar una defensa escalonada”.

Venezuela quedó “sin capacidad de alerta temprana al sistema de defensa aérea integrado”.

Identifican bombas planeadoras AGM-154 JSOW usadas por el ejército de Estados Unidos durante ataque en Venezuela

Detallan en el sitio especializado Zona Militar que “en el centro de la arquitectura defensiva venezolana se encontraba una red de radares suministrados por China Electronics Technology Group, entre ellos los sistemas JYL-1 de vigilancia tridimensional y el radar de onda métrica JY-27, promocionado durante años como un supuesto ‘cazador de aeronaves furtivas”.

Al analizar lo sucedido, los expertos sostienen que esos “sensores fueron inutilizados en la fase inicial mediante fuerte interferencia electrónica”.

No dejan de sumar otro hecho clave: “el corte masivo de electricidad en amplias zonas para desarticular las capacidades de comando y control”.

La respuesta defensiva de Venezuela quedó anulada. Resaltan, además, “un ataque de supresión sobre algunos sistemas Buk-M2”.

¿Qué pasó? Era un hecho: “Las unidades antiaéreas quedaron desconectadas del comando central”.

Foto: EFE/redes sociales Foto: USUARIO

Eso, lógicamente, impactó a las fuerzas terrestres venezolanas.

Expertos afirman que “visualmente se ha podido confirmar el uso del sistema 9K338 por parte del personal de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, aunque de manera limitada”.

Lo ocurrido en la nación caribeña “no se explica por la falla de un sistema puntual, sino por la incapacidad del esquema de comando y control de diseño chino para operar bajo interferencia intensa y ataques multidominio”.

(I)

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