Cuando los padres de Lisbeth Baquerizo Muñoz llegaron a Puerto Azul la noche del 21 de diciembre, tras una llamada que les informaba que su hija había muerto luego de caer por las escaleras, encontraron su cuerpo al pie de los escalones.

Sus padres se sorprendieron al no ver a la Policía sino a un supuesto médico y personal de una funeraria que ya hacían el trámite mortuorio e intentaban convencerlos de enterrarla lo más pronto posible.

Mario Baquerizo, padre de Lisbeth, dijo que su yerno había maquinado no hacerle la autopsia a su hija, y que en el acta de defunción habían puesto “muerte natural por falla cardiaca y renal”.

Eso les pareció muy sospechoso, pero fue hasta el día siguiente, en que las amigas de su hija le contaron que Lisbeth había sufrido varios episodios violentos con su esposo, cuando los padres acudieron a la Fiscalía para poner la denuncia por femicidio y solicitar que se haga la autopsia.

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Cuando llegaron a la sala de velación los agentes de la Unidad de Muertes Violentas para retirar el cuerpo, el esposo de Lisbeth, Luis Javier H. N., se retiró con su hermano.

Cuenta el abogado Silvio Enríquez, quien representa a la familia de los deudos, que el esposo y principal sospechoso huyó a bordo del carro de su hermano, y que un agente se paró frente a su carro para pedirle que se detuviera, que debía ir a la Fiscalía a dar su versión, pero ellos habrían arrancado y casi atropellan al policía.

Por ese episodio hay una denuncia en la Fiscalía por intento de homicidio, reveló ayer el abogado Enríquez.

Pero la pesadilla para estos padres se agudizó cuando se conocieron los resultados del protocolo de autopsia.

El médico legista reveló que Lisbeth había muerto por un traumatismo craneoencefálico, a causa de dos heridas realizadas con un objeto contuso cortante, es decir, fue golpeada con un objeto pesado y con filo.

Pero lo más sorprendente fue que el legista encontró pegamento en las heridas de la cabeza. Heridas que estaban tapadas con el cabello y que la madre de la fallecida no alcanzó a ver cuando tocó y besó el cuerpo sin vida de su hija al pie de las escaleras.

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Entre las conclusiones del perito también se menciona que el cuerpo presentaba una contusión en el pecho y en la cara, que estaba maquillada y que había sido lavada porque no se halló rastro de sangre.

Según el abogado Enríquez, Lisbeth tenía el cabello mojado y solo en las puntas de su pelo había gotas de sangre, por lo que sospechan que la habían bañado, le cerraron las heridas con pegamento y luego montaron la supuesta escena al pie de la escalera.

Además, se revisaron cámaras de seguridad y se descubrió que la tarde de su muerte en la casa solo estaban Lisbeth y su esposo.

Con esa información, la madre de la fallecida, Virginia Muñoz, puso una denuncia por fraude procesal contra los representantes de la funeraria, contra los padres de su yerno y el médico que habría firmado el acta de defunción.

El abogado de los padres sostuvo que en los primeros testimonios se conoció que el supuesto médico que intentaba convencerlos de enterrarla lo más pronto posible era realmente un formolizador de la funeraria y que le habrían ofrecido dinero para esto.

Sin embargo, el sujeto se mostró sorprendido cuando fue cuestionado por las heridas tapadas con pegamento y dijo que eso él no conocía.

Esta semana deben dar su versión de los hechos los padres y el hermano del supuesto femicida, quienes no contestan las llamadas. La familia tiene un negocio de venta de repuestos de carros en el sur de la ciudad, ahí los empleados aseguran que no saben dónde están los dueños.

También se conoció que el sospechoso de femicidio habría huido a Colombia.

Los familia de Lisbeth y su abogado insisten en que ya hay pruebas suficientes para acusar y piden a la Fiscalía que notifique a la Interpol para que sea localizado.

La Fiscalía lleva adelante las investigaciones alrededor de este nuevo femicidio, pero aún no se emite ningún comunicado sobre el caso. (I)