Presidir o coordinar el Consejo de Estado o el Consejo de Gobierno, el Senado o el Congreso o el Consejo Nacional de Desarrollo eran algunas de las funciones designadas al vicepresidente de la República, a más de subrogar al presidente, pero a partir de la Constitución de 1998, y que se ratificó en la del 2008, las atribuciones quedaron limitadas a dos: a reemplazar al primer mandatario en caso de ausencia, temporal o definitiva, y a ejercer las funciones que este le asigne.

La figura vicepresidencial fue prescindida en cinco constituciones (1851, 1878, 1906, 1929 y 1945). En algunas de ellas se establecía que en caso de ausencia o muerte del presidente de la República estas funciones eran asumidas por el presidente del Consejo de Estado; por uno elegido, por mayoría, de una terna por el Congreso; por el presidente de la Cámara del Senado o por el presidente del Congreso.

Analistas y constitucionalistas consultados coinciden en que en un sistema presidencial como el que vive el país la figura de vicepresidente o vicepresidenta es necesaria. Unos señalan que sus funciones hoy son limitadas, otros que deberían sumarse otras atribuciones.

Hoy el país se alista para las elecciones generales de 2021. Dieciséis binomios presidenciales van a la carrera para llegar a Carondelet, donde en este último periodo ya han pasado cuatro vicepresidentes: Jorge Glas, destituido y sentenciado por el caso Sobornos; María Alejandra Vicuña, quien renunció y fue acusada por concusión en el caso Diezmos; Otto Sonnenholzner, quien renunció luego de 19 meses, y María Alejandra Muñoz.

Publicidad

Ellos se suman a otros trece vicepresidentes desde el retorno a la democracia.

Algunos llegaron a reemplazar al presidente de manera definitiva, como en el caso de Oswaldo Hurtado, por la muerte de Jaime Roldós; Gustavo Noboa, por abandono del cargo de Jamil Mahuad; y, Alfredo Palacios, quien sustituyó a Lucio Gutiérrez.

Así lo recuerda el jurista Iván Castro, quien señala que en un sistema presidencial como el que tiene Ecuador es imprescindible la figura del vicepresidente. "Si no hubiera vicepresidente, el sustituto del presidente de la República sería el presidente del Congreso, lo que traería como consecuencia una enorme tentación para los integrantes de la Legislatura, que verían la posibilidad constitucional de que uno de ellos sustituya al presidente", menciona.

Castro dice que el papel que han desempeñado en la función pública ha sido de mayor o menor preponderancia, según los roles que dentro del Gobierno les ha asignado el presidente de la República. "En algunos casos, las relaciones entre el presidente y el vicepresidente han sido tensas; inclusive se calificó al vicepresidente como conspirador a sueldo", señala.

El constitucionalista Ismael Quintana expresa que la figura del vicepresidente no ha sido indispensable en el sistema constitucional ecuatoriano, tal es así que cinco constituciones no tienen esa figura.

Comenta que hoy en día hay muchos sistemas presidenciales que no tienen en sus constituciones figuras vicepresidenciales, como Chile y México, así como hay otros extremos que en vez de un vicepresidente existen dos, como es el caso de Perú, Panamá y Costa Rica.

Publicidad

Pero añade que en Ecuador no es tan adecuado prescindir de esta figura porque siempre es necesaria una línea de sucesión presidencial para que no se produzcan vacíos constitucionales o anomalías propias de estas democracias débiles como ocurrió en Perú.

Para Quintana, el vicepresidente o vicepresidenta no tiene funciones limitadas sino que no tiene atribuciones propias porque depende de las que le asigne o no el presidente. Como ocurrió en el 2017 cuando el presidente Lenín Moreno, mediante decreto, le retiró todas las delegaciones a Glas como presidente del Consejo Sectorial de la Producción, la coordinación del proceso de reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto del 2016, entre otras.

En otros casos, dice, las atribuciones son redobladas como la vicepresidenta actual, que ha recibido temas de interés social, de la niñez, la familia, la mujer, los que debería ocuparse el ministro de Inclusión Económica y Social.

El constitucionalista Kléber Sigüencia señala que la figura de vicepresidente debe mantenerse porque además sirve de contrapeso para que no se concentre el poder en el presidente y adicionalmente sirva de ayuda o de auxilio cuando el primer mandatario se encuentre ausente.

Manifiesta que los hechos registrados en los últimos años de democracia, en términos jurídicos reflejan una inestabilidad en la Función Ejecutiva que no se debe a la institución o la función de vicepresidente, sino a las personas que han sido designadas.

Esto, agrega, es un llamado para que el electorado examine de manera consciente a quién va a elegir como vicepresidente. "Si esta es una persona de convicciones y no simplemente una persona que quiera salir en fotos, que quiera figurar para luego tomar esto como catapulta política y después candidatizarse en posteriores elecciones, eso definitivamente no debe ser así...", señala.

Dice que debería ocurrir como en otros países donde también el candidato vicepresidencial debate con otros candidatos que van por la misma dignidad para que el electorado los conozca.

El analista político Santiago Basabe manifiesta que ante la inestabilidad del país, con un excesivo número de agrupaciones políticas, y mientras no haya una reforma institucional fuerte se debe mantener la figura de vicepresidente. Por ejemplo, si se pone al presidente de la Asamblea, en las condiciones que vive la nación, se podría generar una tensión fuerte desde el inicio del periodo de gobierno de parte de quien está establecido constitucionalmente para suceder al presidente de la República.

Opina que debe seguir siendo una potestad del presidente la delegación de funciones como está en la Constitución actual, porque el establecer tareas específicas, como la Carta Magna del 78 que le asignaba presidir el Consejo Nacional de Desarrollo, puede ser una camisa de fuerza para el primer mandatario.

"Hay binomios que llegan con una relación muy buena de trabajo, de intercambio fluido, pero esa relación se daña una vez en el gobierno por diversos factores, visto desde esa perspectiva creo que tener una disposición abierta que permita al presidente confiar en mayor o en menor medida en su vicepresidente en temas específicos está bien...", dice.

Castro agrega que el vicepresidente lo que debería tener es una gran empatía con el presidente de la República, ya que son elegidos en la misma papeleta y lo lógico sería que se pusieran de acuerdo en las funciones que el segundo mandatario va a desempeñar dentro del Gobierno, siguiendo el principio constitucional que obliga a las autoridades a coordinar acciones para conseguir el efectivo goce de los derechos conforme el artículo 226.

En una sola papeleta

Elegir al binomio presidencial en una sola papeleta es una de las formas de votación que se debe mantener en el país, según opinan varios analistas políticos.

El jurista Iván Castro recuerda que en la gran mayoría de las 19 constituciones desde que se inició la vida republicana, se ha establecido que el vicepresidente sea elegido en la misma papeleta con el presidente.

Sin embargo, en el siglo XIX, en el tiempo de García Moreno, la Constitución de 1869, conocida como la Carta Negra, se estableció que el vicepresidente era designado por el presidente.

Desde 1946 hasta 1970 estuvieron vigentes dos constituciones: la de 1946 y la de 1967, que establecían que el vicepresidente era elegido simultáneamente con el presidente, pero en papeletas separadas. Con base en esta disposición, Manuel Sotomayor y Luna y Jorge Zavala Baquerizo fueron elegidos vicepresidentes siendo candidatos de una lista diferente a la del presidente, Galo Plaza Lasso y José María Velasco Ibarra, respectivamente.

El analista Santiago Basabe dice que el problema de elegir al presidente y vicepresidente en papeletas separadas podría darse en caso de que el candidato presidencial no sea de la misma lista del vicepresidente y esto podría llevar a una relación tortuosa entre ambos y que una inestabilidad presidencial vaya en aumento como ocurrió con el presidente Velasco. (I)