Adquirir una formación especializada y acumular nuevas experiencias motivaron a Ramón Valdivieso y a su esposa, María Elisa Muñoz, ambos de 27 años, a estudiar un MBA en la Framingham State University, de Massachusetts, Estados Unidos.

Son oriundos de Cuenca y estudian en ese centro educativo desde agosto pasado. Para alcanzar su objetivo de estudiar en el extranjero, juntaron sus ahorros, obtuvieron un préstamo y pasaron por un complejo proceso de aplicación, un esfuerzo que afrontaron con entusiasmo porque era el camino a su propósito, sin embargo, en la última semana todo se ha vuelto incertidumbre.

Están a prácticamente un semestre de finalizar su maestría, pero los recientes anuncios del Gobierno estadounidense, de que los estudiantes internacionales deberán tomar al menos una clase presencialmente para poder mantener sus visas, ponen en riesgo todo eso por lo que han luchado.

Hace dos semanas, la universidad en la que estudian les informó que sus clases pasarían a ser totalmente virtuales, debido a que, como en otros centros de estudios, quieren reducir las actividades en sus facultades para evitar contagios de coronavirus.

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Con esta medida, ambos entrarían en el grupo de estudiantes que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) anunció que deberá salir del país. El año pasado, más de un millón de alumnos extranjeros recibieron visas para estudiar en Estados Unidos, indica el The New York Times en una publicación.

María Elisa Muñoz durante una exposición.

Valdivieso indica que desde que comenzó la pandemia analizaron su situación y qué era más conveniente, aunque siempre han mantenido su esperanza de poder seguir en Estados Unidos. "Definitivamente es un golpe, tanto económico como emocional, tener que regresar al Ecuador, porque lamentablemente nos están sacando. Es un poco denigrante, de cierta manera hasta un poco xenofóbico todo este tema".

La situación de ambos ya se había vuelto complicada por el coronavirus, los dos tuvieron que dejar los trabajos que tenían dentro de la universidad, con lo que obtenían algo de dinero para sus gastos.

El gobierno de Trump sugirió que, si los estudiantes desean permanecer en el país, podrían transferirse a una institución que ofrezca cursos presenciales, lo que es prácticamente imposible en estos meses del año porque a estos se debe aplicar con antelación.

"Económica y logísticamente es bastante complicado, primero, porque el transferirse a otra universidad es prácticamente como hacer un nuevo proceso de aplicación(...). Además nuestros recursos son limitados", señalan.

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Según expertos e involucrados en el tema, que conversaron con el The New York Times, el gobierno de Trump persigue varios objetivos con esta medida. Por un lado, busca reducir la inmigración legal a Estados Unidos, otra es forzar a las universidades a abrir sus campus y, también, evitar que muchos de esos alumnos obtengan una autorización temporal para trabajar en ese país por 12 meses, luego de graduarse, porque eso les podría dar la posibilidad de quedarse permanentemente.

Ramón Valdivieso en una clase.

El programa de estudio de Valdivieso y Muñoz les permite optar por este beneficio denominado Opcional Practical Training (OPT). "Eso es algo que tanto yo y mi esposa ansiábamos buscar, porque siempre hemos soñado con trabajar en alguna empresa grande de acá de Estados Unidos y llevar esa experiencia al Ecuador".

Demanda para impedir medida

Para frenar la ejecución de la medida y evitar que los estudiantes internacionales deban salir del país, el pasado miércoles, Harvard y el Massachusetts Institute of Technology (MIT) demandaron al gobierno en un tribunal federal. La demanda busca obtener una orden de restricción temporal y un mandato judicial que impida al gobierno hacer cumplir la política, argumentando que esta se implementó de manera incorrecta.

Valdivieso señala que las autoridades de la universidad en la que estudian los respalda y les han informado que están haciendo todo lo posible por apoyar la moción de Harvard y el MIT.

Estos jóvenes ecuatorianos también se han unido a un grupo de Facebook en el que participa un gran número de estudiantes internacionales, quienes ya han creado una petición a los miembros del senado para que intercedan por su situación.

Mantienen viva la esperanza de que habrá resultados positivos de estas iniciativas, para así no tener que abandonar los sueños que con gran ilusión pensaron cristalizar en los Estados Unidos. (I)