Luis lleva tres años vendiendo mercadería a través de las redes sociales. Gracias a la aceptación de sus productos y el crecimiento de su clientela logró reunir $4000 para constituir su propia empresa y pasar a la formalidad.

El plan era crearla en marzo, pero por la pandemia del COVID-19 fue imposible, comenta este ingeniero en sistemas de profesión.

Según cifras de la Superintendencia de Compañías, Valores y Servicios, de enero al 8 de mayo pasado se constituyeron en el país 1856 nuevas empresas, el 43,96 % menos en comparación al mismo periodo del 2019, entonces se crearon 3312 compañías.

Las cifras de la Superintendencia reflejan el bajón desde marzo. Ese mes solo se constituyeron 308 empresas, frente a las 762 de marzo del 2019.

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La Superintendencia explica que del 1 al 16 de marzo la atención fue normal en esa dependencia, pero del 17 al 31 de marzo entraron en cuarentena al igual que todas las instituciones gubernamentales.

Mientras que otra parte primordial para completar el trámite de constitución de empresas son las notarías, también se paralizaron a causa de la emergencia sanitaria desde el 17 de marzo. A nivel nacional operan 540 notarios, de los cuales 121 están en Guayas.

Humberto Moya, notario 38 de Guayaquil, presidente de la Asociación de Notarios del Guayas y vicepresidente de la Federación de Notarios, asegura que estuvieron inactivos casi dos meses hasta que el 20 de abril pasado las notarias se reactivaron a nivel nacional con una serie de protocolos que restringió el número de dependencias. También se recortaron las funciones que podían realizar, de 300 a tan solo 20, y entre las que no constaban las constituciones de nuevas empresas.

Sin embargo, la reactivación en Guayas fue a partir del 27 de abril, una semana después.

"Estaba cerrada la Superintendencia de Compañías... esto ocasionó que no había el órgano de control que autorice las constituciones online o que si la constitución era de la manera tradicional se reconozca la validez a través de la resolución correspondiente o emita las reservas de las denominaciones de aquellas compañías que se constituirían", explica Moya, quien cree que por esta razón el Consejo de la Judicatura decidió no incorporar entre las funciones autorizadas a los actos societarios de ninguna naturaleza.

Moya cree que se debió trabajar conjuntamente con la Superintendencia.

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"Si había la iniciativa de emprendedores que querían constituir compañías justamente para de alguna forma contribuir para brindar insumos o algún servicio relacionado con la emergencia sanitaria lo hubieran podido hacer o compañías que hubiesen requerido aumentar el capital o disminuir el capital o realizar fusiones o decisiones...", lamenta el notario.

Él señala que el monto básico mínimo requerido para constituir una sociedad anónima es de $800, de la cual la escritura básica cuesta $315 más $85 del Regitro Mercantil. Si el monto es mayor los valores que se cobran por escritura y registro mercantil se incrementan.

A partir del 1 1de mayo se eliminaron los turnos y las notarias atendieron normalmente.

En tanto, Pablo Arosemena, presidente de la Federación de Cámaras de Comercio del Ecuador y de la Cámara de Comercio de Guayaquil, asegura que el COVID-19 ha generado mucha incertidumbre alrededor de los negocios.

"Empezar un negocio en una situación como la actual y sin certeza de cuando volveremos a una nueva normalidad implica mucho riesgo", expresa el dirigente gremial.

Sin embargo, asegura que más allá del coronavirus existen otros factores estructurales que impiden la creación de empresas en el país. Según el Banco Mundial, Ecuador es de los países en los que es más difícil hacer negocios, menciona Arosemena, al señalar que toma 49 días laborales poner en marcha una empresa. Mientras que en países vecinos como Colombia pueden poner en marcha un negocio en 10 días.

Arosemena proyecta que cuando la pandemia acabe los problemas para la creación de nuevas empresas se mantendrán a menos que se tomen medidas para aliviar la tramitología que enfrentan los emprendedores. "A medida que la economía se recupere podría surgir un gran volumen de emprendimientos por necesidad, debido a que a la fecha se han perdido más de 150 mil empleos formales", expresa.

En tanto, Elena Arévalo, gerenta-propietaria de B&A Negocios y Servicios, destaca algunas ventajas de pasar de la informalidad a constituir legalmente una empresa.

Asegura que una de las ventajas es la credibilidad, pues las personas creen más en una empresa bien constituida que en un nombre que no tiene estructura legal. Y añade otra ventaja: ampliar la gama de clientes.

"Al dejar de ser informal puedes vender a otras empresas que siempre te van a pedir sustentos legales de tu existencia jurídica para tener relaciones comerciales", comenta la experta, quien agrega que exportar e importar bienes es otra utilidad de la formalidad que a su vez llevará al comerciante a ampliar sus expectativas comerciales.

Sin embargo, también hay desventajas. Arévalo advierte que está radica en que "todo esto tiene un costo, que son los impuestos". Aunque asegura que pueden ser imperceptibles si los ingresos se amplían y se aprovechan al máximo las ventajas. (I)

"De toda crisis hay una oportunidad"

Que hayan menos contribuyentes y menos actores de la economía real, es la consecuencia de la constitución de menos empresas en lo que va del año, desaceleración ocasionada por la pandemia del COVID-19, según analiza Víctor Anchundia, superintendente de Compañías, Valores y Servicios.

El funcionario proyecta que tras el periodo de cuarentena de dos o tres meses, próximos a terminar, pondrá nuevamente en marcha la actividad económica del país. "De toda crisis hay una oportunidad y ya vemos como han surgido nuevos emprendimientos en estos días, emprendimientos que pueden terminar en constitución de nuevas compañías", sostiene el superintendente.

Sin embargo, asegura que solo al final del presente ejercicio económico y con la presentación de los estados financieros cortados al 31 de diciembre se conocerán objetivamente los efectos reales de esta emergencia sanitaria, en la que reconoce que la pandemia ha sido uno de los factores para que se constituyan menos compañías y se desarrollen menos emprendimientos. (I)