Tras la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE. UU. desató una estrategia de guerra de aranceles contra China, la cual parece llegar a su fin con el acuerdo parcial que firmaron esta semana en Washington ambos países, comprometiéndose a seguir una segunda etapa de negociaciones. Sin embargo, en medio de esa batalla una de las mayores empresas tecnológicas de China vio crecer sus problemas: Huawei.

El gigante tecnológico es un jugador importante para el mercado global, puesto que es el líder en el desarrollo de la tecnología 5G, la cual llevaría a los usuarios a poder descargar una película de 2 horas en 3,6 segundos, tener cobertura en su teléfono móvil en aglomeraciones, manipular los elementos de su vivienda estando a cientos de kilómetros e incluso ayudar a realizar procedimientos médicos a larga distancia o combinándola con robótica.

Sin embargo, el despliegue del 5G también está reavivando las preguntas sobre la seguridad de la red, según AFP. Ese el principal argumento por que muestra Trump, quien quiere restarle poder a la compañía. Razón por la que EE. UU. sancionó a la firma en mayo pasado poniéndola en la lista de empresas que tenían prohibido realizar transacciones comerciales con cualquier empresa del país, pero la medida ha sido aplazada varias veces y el último aplazamiento finaliza en febrero, por la que las operadoras rurales de EE. UU. buscan actualmente alternativas para equipos, según el sitio especializado Xakata,

Las operadoras rurales suelen ser pequeñas y siempre buscan precios más adecuados a su realidad, como los de Huawei, para mejorar sus servicios, por lo que la situación sería un impedimento para acelerar el acceso a internet más rápido en estas zonas, según el medio estadounidense La Voz de América.

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El 5G es una nueva etapa en las prácticas de comunicación. La primera generación permitió hacer llamadas, el 2G añadir texto, el 3G empezar a enviar imágenes y el 4G desarrollar el uso de internet móvil y video. El 5G servirá para conectar todo lo que actualmente no está conectado, principalmente objetos, en industrias, ciudades o en el ámbito de la salud.

Huawei ha invertido fuertemente en el 5G para obtener una ventaja sobre sus competidores, la sueca Ericsson, la finlandesa Nokia y la surcoreana Samsung. El grupo chino es considerado por la mayoría de los operadores como el más avanzado en esta tecnología.

EE. UU. quiere que Huawei no sea el principal jugador

Las acusaciones de Estados Unidos contra Huawei son múltiples. Van desde el incumplimiento del embargo contra Irán hasta acusaciones de espionaje industrial y robo de tecnología, todo ello con el telón de fondo de un pulso tecnológico y comercial entre Washington y Pekín.

El Gobierno de Trump ha expuesto que los servicios de inteligencia estadounidenses temen que Huawei permita a las autoridades chinas utilizar sus equipos para controlar las comunicaciones y el tráfico de datos en un país.

Estas acusaciones son constantemente refutadas por el grupo chino, que asegura que rechazaría cualquier solicitud de este tipo de la inteligencia china.

Sin embargo, el argumento ha convencido a varios socios de Estados Unidos. Australia y Japón decidieron prohibir Huawei en sus territorios. Nueva Zelanda tomó inicialmente la misma elección, antes de dar marcha atrás.

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La posición europea oscila entre el deseo de no ofender al aliado estadounidense y el temor a quedarse atrás cuando el despliegue de la tecnología ya está muy avanzado en Asia, especialmente en Corea del Sur y China. Esto, debido a que pese a las dudas no quieren quedarse atrás en equipos tecnológicos.

Subvenciones para contrarrestar

En medio de la disputa, miembros del Senado de EE. UU. quieren que el estado subvencione a la competencia de Huawei -Nokia, Ericsson, entre otros- en la aplicación de la tecnología 5 G con un fondo de alrededor de 1250 millones de dólares. Una medida que irónicamente siempre se ha criticado de China.

Para lograrlo se promueve la creación del "Utilizing Strategic Allied Telecommunications Act" para apoyar a esas a construir alternativas más 'confiables'.

Las primera parte del fondo (750 millones de dólares) se repartiría en la creación, investigación y desarrollo de un modelo de arquitectura abierta (O-Ran), y sería administrado la Administración Nacional de Telecomunicaciones e Información de los Estados Unidos (NTIA por sus siglas en inglés).

El resto del dinero (500 millones) sería para crear otro fondo multilateral de seguridad en telecomunicaciones para que durante 10 años ayude a desarrollar equipo que tengan una seguridad más 'confiable' con socios extranjeros.

Todo esto por la desconfianza de los servicios de inteligencia de EE. UU. a que los equipos de Huawei sean utilizados en la mayoría de países, incluyendo varios de sus aliados. Sin embargo, hasta ahora no ha presentado presentado pruebas de que un equipo Huawei en Estados Unidos o en otro país fue alterado por el fabricante para facilitar el espionaje de China, que rechaza las sanciones contra de la empresa e incluso llegó a amenazar con medidas similares a tecnológicas estadounidenses. (I)