Son las 13:00, un sol canicular quema, si se deja la sombra se siente el fogonazo. Las aguas del río Napo han bajado su nivel. Así se aprecia desde el malecón de El Coca. Llega la embarcación y es hora de subir para empezar el recorrido.

Se enciende el motor de la lancha, único sistema de transporte que hay en la zona. Atrás quedan las casas, los edificios y ese puente grande que conecta con otra población.

El río Napo está lleno de leyendas que asustan y sorprenden. Se dice que en el interior habitan seres reales y otros mitológicos, pero es fuente de alimentación porque las nacionalidades indígenas que se asientan en su margen se alimentan de sus frutos.

En una hora de viaje se aprecia toda la margen verde de la Amazonía, un largo río marrón, tupidos árboles, variada flora y fauna. Se ve el cruce de gabarras que llevan camiones de combustibles y carros pequeños. Más adelante se aprecia un hotel flotante. Van dos horas de un fascinante recorrido.

El río Napo es grande a lo largo y a sus costados. En la parte media se han formado islas pequeñas con frondosa naturaleza, nido para muchas especies animales y vegetales, que vuelven único al paisaje. Van casi tres horas.

También está Aguarico, a hora y media del viaje aún. Es la zona del Tiputini, en el Parque Nacional Yasuní, pulmón del mundo al que la Unesco (organismo de la ONU) declaró Reserva Mundial de la Biósfera.

En el sitio se destacan las costumbres, las tradiciones y las identidades de los pueblos y nacionalidades indígenas que habitan en esta zona, quienes no dejan morir su legado y lo exponen a sus visitantes. Son cuatro horas de un recorrido por el río que muestra parte de la cultura de una de las zonas más biodiversas del mundo. (F)