La mañana de este martes Alberto Fernández asumirá la presidencia de Argentina y con ello el peronismo vuelve a tomar el poder en el país, que enfrenta una grave crisis económica.

Fernández, un abogado de 60 años, tiene el desafío de revertir la recesión y una pobreza que afecta al 35% de la población y la amenaza de una nueva cesación de pagos.

También deberá manejar la incertidumbre que genera la convivencia con su vicepresidenta, la popular y polémica exmandataria Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), quien afronta en la actualidad un juicio por presunta corrupción y está procesada en varias causas judiciales.

El peronista jurará en el Congreso durante una ceremonia que comenzará alrededor del mediodía, tras lo cual recibirá los símbolos presidenciales del mandatario saliente, Mauricio Macri, quien pese a no conseguir la reelección será el primer mandatario no peronista que completa su mandato.

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El juramento se lo tomará Fernández de Kirchner, que previamente asumirá como titular del Senado, ya que en Argentina el vicepresidente también funge como presidente del Senado. La dirigente de centroizquierda, de 66 años, alteró el tablero político en mayo cuando declinó postularse a la presidencia en las elecciones de octubre y promovió la candidatura de Fernández, exjefe de gabinete de ministros de sus primeros años y antes de su fallecido esposo Néstor Kirchner, también presidente entre 2003 y 2007.

La influencia de la exmandataria populista en el nuevo gobierno es uno de los grandes interrogantes que despierta la futura administración de Fernández. Esto, debido a que durante el segundo periodo de ella Fernández fue uno de sus críticos.

Tras asumir, Fernández dará un discurso ante la Asamblea Legislativa en el cual se esperan anuncios concretos para dinamizar una economía, que se prevé que caiga alrededor de 3% este año, y controlar una inflación estimada en 55% para fin de año.

También lanzará medidas para paliar la situación de la población que se encuentra en la pobreza. Se especula con un aumento en las ayudas sociales y un plan de medicamentos gratis para ancianos que cobran la jubilación mínima.

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A la espera de señales también estarán los acreedores externos del país sudamericano, entre ellos inversores y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Se estima que la deuda total asciende a unos 100.000 millones de dólares y varios vencimientos están pautados para 2020.

El presidente electo ha manifestado voluntad de pago, pero bajo otras condiciones a las acordadas por su antecesor Macri. El designado ministro de Economía, Martín Guzmán, un discípulo del premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, ha sugerido que el país debería proponer una renegociación sin quita de capital adeudado con acreedores, pero con una postergación de dos años de todos los pagos.

Fernández ha sido un dirigente de perfil moderado al que se le destaca su conocimiento del Estado y asume en una región convulsionada por las protestas sociales y en la que prevalecen presidentes de línea conservadora, como el caso de Jair Bolsonaro en Brasil, Sebastián Piñera en Chile y el recién electo Luis Lacalle Pou en Uruguay.

Por la tarde Fernández tomará juramento a los nuevos ministros en la Casa Rosada, la sede de la presidencia, y luego compartirá junto a su vicepresidenta el escenario en el cierre de un festival de música popular en la histórica Plaza de Mayo. (I)