Las elecciones al Parlamento Europeo nunca han despertado tanta expectación como este año, en el que podrían suponer un momento de consolidación para el movimiento euroescéptico de ultraderecha.

Los comicios, que se celebran desde hoy hasta el próximo domingo en los 28 estados miembros de la UE, nunca han tenido apuestas tan altas.

Se espera que las grandes corrientes políticas tradicionales –Partido Popular Europeo de centroderecha y el grupo de centroizquierda Socialistas y Demócratas– pierdan algo de influencia y afronten el mayor desafío hasta la fecha de una serie de partidos populistas, nacionalistas y de ultraderecha decididos a arrebatar el poder de la UE para devolverlo a sus gobiernos nacionales.

Los comicios a la Eurocámara se anuncian como una batalla entre fuerzas europeístas y populistas euroescépticos, que, de confirmarse los sondeos, generarían los primeros pese a un nuevo auge de los otros.

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Las proyecciones daban al grupo Europa de las Naciones y de las Libertades, que aúna a la ultraderecha de varios países, una progresión de los 37 a los 62 escaños de un hemiciclo de 751, aunque podría beneficiarse de nuevas incorporaciones.

Este choque de valores básicos, entre una Europa más unida o una más dividida, ha puesto al continente en una encrucijada política histórica.

El líder francés Emmanuel Macron, campeón del bando partidario de la integración, dice que el desafío en las urnas es “no ceder ante una coalición de destrucción y desintegración” que intentará desmantelar la unidad construida en las últimas seis décadas.

Enfrentados a Macron y a los partidos tradicionales están el ministro italiano del Interior, Matteo Salvini; el primer ministro húngaro, Viktor Orban; la líder francesa de ultraderecha, Marine Le Pen, y otros populistas, de derechas o ultraderecha que han prometido transformar de forma drástica el panorama político europeo.

La ultraderecha y partidos nacionalistas confían en emular lo que hizo el presidente de EE.UU., Donald Trump, y lo que lograron los defensores del brexit en el referendo sobre la salida británica de la UE. Es decir, asestar un golpe a las instituciones establecidas, enfrentarse a lo que consideran una élite desconectada de la realidad y advertir sobre los migrantes que se congregan en sus fronteras europeas dispuestos a arrebatar al continente sus empleos y su cultura. (I)