La casa de acogida de Hogar de Cristo, que funciona hace diez años, alberga actualmente a diez mujeres con sus hijos, víctimas de violencia intrafamiliar. Ahí llegan las mujeres derivadas de organizaciones estatales y de la sociedad civil, como fundaciones, refiere Mayra Aguilar, coordinadora general de este espacio, donde las familias se quedan en promedio seis meses, aunque dependiendo del caso -asegura- puede extenderse ese tiempo.

"El propósito (de la casa) es lograr que la mujer pueda reconocerse como una mujer autónoma, capaz, que se valore, y que salga capacitada (en talleres) para que ella pueda generar fuentes de ingresos para su economía", sostiene Aguilar.

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Llegan como víctimas de violencia y salen como mujeres empoderadas", apunta Camila Martínez, coordinadora técnica de la casa, que cuenta con capacidad para 25 familias.

En este espacio, las mujeres realizan tres talleres semanales: intercambio de saberes, interfamiliar y reflexivo. En el primero, explica Martínez, comparten sus conocimientos culinarios, de manualidades u otra de sus habilidades; el interfamiliar se refiere a a sanar las relaciones madre-hijo; y en el último reciben una guía para reflexionar sobre su vida, y avanzar hacia el frente.

Elizabeth, de 15 años, es una de las adolescentes que planea retomar su vida, sus estudios. Quiere dejar atrás la agresión física, psicológica y sexual que vivió de un hombre, 34 años mayor a ella. 

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La adolescente tenía 11 años cuando su agresor le propuso ser su "novia". Ella en su inocencia aceptó, comenta, para escapar de los golpes y gritos que recibía de su tío y primo, que eran consumidores de drogas y que vivían con ella. "Mi abuelita me defendía, pero también le pegaban a ella...", cuenta Elizabeth, quien tiene dos hijos con su agresor. El primero tiene 1 año y medio y el segundo, cinco meses.

"Él me llevaba al cine, a pasear al malecón, me compraba cosas, pero también me golpeaba. Era muy celoso, pensaba que lo engañaba con mi primo", dice Elizabeth, quien hoy reconoce que su agresor -casado y con hijos- se aprovechó de ella. 

La madre de Elizabeth, en el segundo embarazo, denunció al agresor y fue arrestado. Mientras, la adolescente fue enviada a la casa de acogida con sus hijos. Ahí se recupera emocionalmente y continúa con su vida. Este año, con clases asistidas, culminó el séptimo año de educación básica. "Quiero seguir estudiando y ser profesora", anhela la adolescente, quien recibe apoyo del Ministerio de Educación en la casa de acogida para continuar con sus estudios secundarios. 

Ahí las mujeres también aprenden a preparar pan, tortas, cupcake, entre otros dulces, en el taller de pastelería. Ellas venden los productos y así ganan su dinero. "Ahorran para empezar cuando salgan de la casa", dice la voluntaria quien asegura que cuando recién llegan a este lugar reciben terapias psicológicas y asesoramiento legal.

A esta atención se suman otras capacitaciones que son coordinadas con instituciones estatales y privadas. Por ejemplo, una unidad de la Policía Nacional les dará un curso de defensa personal en los próximos días.

"Primero buscamos que se concilien con ellas mismas, sanar aquellas situaciones de violencia; luego aprenden alguna actividad, sus niños son reinsertados en la educación, y elaboran emprendimientos personales para conseguir los recursos", detalla la coordinadora.

Las mujeres que estén enfrentando algún caso de violencia pueden llamar al 0995306609.

Esta casa de acogida recibe a mujeres mayores de 18 años con hijos de hasta 12 años, que vivan violencia intrafamiliar, que ingresen de manera voluntaria, que estén en riesgo de perder la vida y que no tengan redes familiares y sociales, según la organización. 

"Independientemente de la situación violenta a la que se enfrentan muchas mujeres en nuestro país es posible decir alto, hasta aquí, no quiero más esta vida y no quiero esto para mi ni para mis hijos. Con mucha fuerza de voluntad es posible hacer un cambio", asegura Mayra Aguilar, coordinadora del centro. (I)