El papa Francisco instó ayer a los gobiernos a tomar medidas decisivas contra el negocio de la trata de personas y resolver la difícil situación de millones de esclavos modernos.

Francisco se dirigió a decenas de miles de personas en la plaza de San Pedro, dos días después de que la Iglesia católica romana marcó un día anual de oración y conciencia sobre la trata de personas.

“Hago un llamado, particularmente a los gobiernos, para que las causas de este flagelo se enfrenten de manera decisiva y las víctimas estén protegidas”, dijo el pontífice argentino.

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Se estima que 45,8 millones de personas viven en algún tipo de esclavitud en todo el mundo, según el Índice Global de Esclavitud 2016 del grupo de derechos humanos Walk Free Foundation.

Monjas escuchan al papa Francisco que recita la oración del ángelus al mediodía desde la plaza de San Pedro. (AP).

La migración se ha convertido en un problema dominante y altamente politizado en Europa, aunque el pico de más de 1 millón de solicitantes de asilo que llegan en 2015 se ha reducido desde entonces.

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Muchos migrantes llegan a través de traficantes, a menudo en condiciones extremas y por grandes sumas de dinero.

“Todos podemos y debemos hacer más y ayudar reportando casos de explotación y esclavitud de hombres, mujeres y niños”, agregó el papa.

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El pasado 8 de febrero, cuando la Iglesia celebraba el día de la concienciación sobre la trata de personas, era la fiesta de santa Josefina Bakhita, quien nació en Sudán en 1869 y fue vendida como esclava de niña por parte de los secuestradores.

Después de encontrar la libertad, se unió a una orden de monjas en el norte de Italia, donde murió en 1947.

Además, desde el Palacio Apostólico del Vaticano reflexionó sobre el evangelio del día, en el que se narra cómo Jesús y Pedro se conocen a orillas del lago de Galilea.

Pedro, cuyo nombre real era Simón, era un pescador que pasaba por un mal momento, pues no había tenido suerte en la pesca. Jesús se le acercó y le pidió si podía usar su barca para predicar a la multitud desde la orilla del lago.

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Sus palabras causaron gran impresión en Simón-Pedro, y cuando Jesús finalizó su predicación, se dirigió a él y le pidió que echara las redes al agua para pescar. (I)