David Ramírez/El Diario de Nueva York para EL UNIVERSO

 

“Pido justicia por la muerte de mi hijo, pero sobre todo, pido que se vea por los jóvenes, las autoridades están descuidándolos, si no hacen nada, esto se va a poner peor con el tiempo”, clamó Édgar Peralta, el padre del adolescente de 17 años Andy Peralta, cuyo cadáver fue hallado en el parque Kissena, en el vecindario de Flushing de Queens, el martes pasado.

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Según la oficina forense, el joven murió por estrangulamiento y múltiples golpes en la cabeza. La principal hipótesis que se maneja es que habría muerto a manos de una pandilla.

Édgar Peralta y Rosa Jaramillo, los padres de Andy, emigraron de Ecuador hace 14 años y el joven había llegado hace 3 años; estudiaba en Newtown High School, de Corona, Queens. Los progenitores oriundos de la provincia del Guayas lloran sin consuelo por la pérdida del mayor de sus hijos, quien habría cumplido 18 años el próximo 25 de mayo.

El padre dice que a su hijo lo mataron las pandillas porque “seguramente se negó a ser reclutado”. El joven desapareció la tarde del 23 de abril y su cuerpo fue hallado al día siguiente en el parque Kissena.

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Según el progenitor, las escuelas están llenas de pandillas y pidió sanearlas. “Solo pasa en estos vecindarios de gente pobre como nosotros, en otros lados no se ve esto”, insistió. “Somos gente sencilla, pero no nos merecemos esto”.

Los padres del joven migrante dicen sentirse amenazados en Corona, el barrio donde se establecieron desde que llegaron a Nueva York.

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“Ha pasado una semana del asesinato y no hemos tenido paz. Ahora hemos visto pasar por el frente de la casa a muchachos con actitudes intimidatorias”, dijo la madre, quien pidió que las autoridades les den protección.

Maras, entre pandillas

El activista Walter Sinche dijo que los vecindarios de Flushing, Corona, Jackson Heights y Elmhurst están plagados de pandillas y que hay varios casos de muertes violentas ocurridas en los últimos años.

“Aquí operan la M13 (Mara Salvatrucha) y Sombras Negras, dos pandillas temibles que se aprovechan de los jóvenes inmigrantes recién llegados. Los atemorizan si no aceptan ingresar a sus filas”, contó.

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Sinche exigió que las autoridades hagan todo lo posible para esclarecer este nuevo crimen que golpea a la comunidad inmigrante. Añadió que hay muchos casos que no son denunciados y, en consecuencia, las amenazas se agravan.

“Es una cadena de terror. Muchos padres no denuncian porque son indocumentados y por su escaso dominio del inglés, no saben adónde acudir”, agregó. (I)