Diego Cornejo Menacho ha decidido cambiar, drásticamente, de rumbo: renunció a la Dirección Ejecutiva de la Asociación Ecuatoriana de Periódicos (Aedep) y se despide del Ecuador para radicarse en EE.UU. En los últimos seis años, Cornejo, periodista, escritor y pintor, se dedicó al activismo en defensa de la libertad de expresión ante la arremetida del gobierno de Rafael Correa contra los medios de comunicación.

¿Cómo se siente después de estos seis años de lucha?
En junio del 2007, voluntariamente, dejé el periodismo activo. Fue una decisión radical que tomé luego de 20 años de vinculación con diario Hoy. Y opté por dar mi testimonio de lo que pasaba en el país desde la literatura. En el 2011, los directores de los periódicos me covocaron para que asumiera la vocería de la Aedep. Imbuido del periodismo, conocer la óptica de empresarios de medios fue muy enriquecedor. Esta experiencia te permite tener una visión completa de lo que pasa en este oficio. No todos tenemos esta experiencia; se han dado casos en los que los periodistas trabajamos en contradicción con los dueños de los medios. Además, llegar a la Aedep fue interesante porque se me convocó cuando el gobierno autoritario de Correa empezó una política agresiva contra los medios.

¿Fue una de las etapas más difíciles del periodismo?
Podría decir, la más dura de las etapas. En estos años Correa acusó a las empresas privadas de comunicación de corrupción. Su frase era “la prensa corrupta”. Pero no probó ni judicializó ningún caso de corrupción de los medios privados. Pero este ha sido el gobierno más corrupto de la historia republicana del Ecuador, como se está demostrando todos los días.

¿Fue una agresión por diferentes campos?
La agresión de Correa, del gobierno de Correa y del estado de propaganda de Correa, no solo fue a través de la Ley de Comunicación. Hay por los menos seis leyes más que ayudaron a cerrar medios como diario Hoy, la revista Vanguardia y muchas radios en provincias.

¿Aplicaron la Ley de Comunicación al antojo?
Lo interesante es ver cómo han aplicado la Ley de Comunicación, con personajes como el superintendente de Comunicación que es un prevaricador constante, lo que ha conducido a un estado de autocensura en los medios y en los periodistas, algo sumamente grave. Y en la parte económica, lo que hizo el estado de propaganda correísta fue un debilitamiento económico a los medios. Querían dejarlos como un cascarón sin contenido.

¿Cómo lograron los medios mantenerse a pesar de la Ley?
Nos hemos refugiado en la legislación interamericana sobre libertad de expresión porque sostenemos que la Ley de Comunicación es inconstitucional. Y demandamos la inconstitucionalidad ante la Corte Constitucional (CC), con una argumentación jurídica sólida que fue desechada con argumentos débiles e inspirados en razones políticas. Los argumentos de la Aedep y organizaciones de la sociedad civil han sido sólidos. Sostenemos que el estado de propaganda de Correa impuso una política regresiva en derechos de la comunicación.

¿Cómo recibió la noticia de que diario Hoy dejaba de salir a las calles?
Como una fatalidad, un hecho que no debió ocurrir, una situación inadmisible y una pérdida para la libertad de expresión. El aparecimiento del diario Hoy posibilitó una democratización en el Ecuador. Los otros medios debieron ponerse al día en la política editorial; además, llamaron la atención sus planteamientos novedosos y progresistas en cuanto al estilo y a las formas del periodismo.

Usted está yéndose a otro país, ¿cómo han sido estos días de ajetreo?
Han sido días de sentimientos encontrados. No es fácil dejar un país en el que has vivido más de 60 años. Y pese a las seguridades y posibilidades que tienes en otro lado, allá es otro mundo... Digo que voy a iniciar mi quinta vida allí. Es una vida de exilio voluntario; voy a trabajar en procesos creativos, en la pintura, a profundizar mi trabajo en la literatura y a ejercer la abuelidad en mayor profundidad porque mis hijas y mis nietos están por allá...

¿Sin dejar de pensar en el país?
No sé. No lo puedo asegurar. (I)