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Cuatro jóvenes colombianos, que son acogidos por la ONG HIAS Ecuador, cuentan su experiencia de vivir en Guayaquil con el estatus de refugiado, pero también se esperanzan en mejores días, lejos de la guerrilla, el narcotráfico y la violencia.


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La muerte no pide permiso ni ofrece preavisos. Se lleva el aliento, pero nos deja la tarea titánica de reconstruir el sentido de nuestros días.
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