Unos hombres escarbaban con las manos; otros usaban combos y cinceles para abrir boquetes entre los escombros de losas, paredes y columnas con hierros retorcidos. Estaban también policías y voluntarios rescatistas, estos últimos con camisetas descoloridas que dejaban ver la descripción Defensa Civil, aquella entidad que en Ecuador desapareció en los albores del actual Gobierno, cuando se creó la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos.

Los buscadores trabajaban, al amanecer del domingo 17, sacando muertos y buscando algún vivo, en las edificaciones que cayeron en Pedernales por el terremoto de magnitud 7,8 del 16l. Era la localidad más golpeada, aislada e incomunicada por la catástrofe. Cerca del mediodía del domingo y cuando se abrieron las vías llegaron bomberos de Quito, con canes y una especie de escáner que monitoreaba señales de vida.

Fue al mediodía cuando se escucharon unos gritos débiles, de una niña en los restos del hotel Chimborazo. Era de Evelin Dayana Bone Valencia, de 11 años. Su madre, Jenny Valencia, de 41 años, señala que estaba a pocos metros del lugar de búsqueda, junto a su hermana, Fanny. Desesperadas, impotentes, llorosas, veían cómo sacaban cadáveres. Eran los cuerpos de los dueños del hotel, de su nuera y tres nietos.

“Salían los muertos uno a uno y la angustia era grande, pensaba que ya no iban a encontrarla viva a mi hija… Solo me quedaba confiar en Dios”, rememora la mujer, madre y único sostén de nueve hijos, la mayoría menores. Uno, de 23 años, ayuda en la manutención, cuando halla trabajo como jornalero.

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En medio de la gente que se arremolinaba, las hermanas Valencia escucharon el anuncio de que Evelin estaba viva. Jenny quiso correr a donde estaban los rescatistas pero le impidieron. No había dormido y estaba desesperada desde las 18:58 del sábado, hora del terremoto.

Ella trabajaba en el hotel por un salario de $ 300 al mes y su pequeña Evelin la acompañaba. Había hecho amistad con los nietos de los dueños del hotel y ese día, cuando ella se retiró de laborar, su pequeña hija se quedó jugando con ellos, en el primer piso de la edificación de cuatro plantas, que se derrumbó por el sismo.

Evelin es callada; no detalla cómo resistió bajo los escombros. Solo recuerda el estruendo y el reencuentro con su madre, en el estadio cantonal, adonde fue llevada luego del rescate, a las 15:16 del domingo 17, hecho registrado por periodistas de diversos medios.

De Pedernales, Evelin pasó al hospital de Santo Domingo, donde estuvo asilada hasta el lunes 2 de mayo. Hoy camina con dificultad, tiene laceraciones en su cuerpo y utiliza un apoyador para moverse.

La pesadilla para las hermanas Valencia, que residen en unas vetustas casas de madera y caña en el barrio La Huecada, de Pedernales, fue más grande aún. También Andrea Cercado, de 16 años e hija de Fanny, quedó atrapada en los escombros del hotel Quito. Allí, en el quinto y último piso, cuidaba a dos niños a la hora del terremoto. “Solo me acuerdo que estaba vistiendo a los niños y hubo un traqueteo y se cayó el hotel. Me desperté en el subcentro, bañada en sangre”, afirma.

Fue su padre, Bartolo, quien acudió de inmediato en su búsqueda. Con ayuda de vecinos y personas caritativas, con combos rompieron paredes y la extrajeron a eso de las nueve de la noche, en plena oscuridad.

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Ella sufrió heridas y golpes. Se salvó, dice, porque se quedó debajo de una cama, pero no sabe cómo llegó allí en el momento de la catástrofe. Estuvo asilada por cinco días en el hospital de Santo Domingo y aspira a seguir sus estudios en una academia artesanal.

Jenny y Fanny abrazan a sus hijas, las miman. La primera refiere que es como si su hija hubiera vuelto a nacer. Aunque esa alegría se le esfuma cuando vuelve a la realidad. Como el hotel donde trabajaba cayó, se quedó sin trabajo.

El 3 de mayo pasado, un día después de que madre e hija llegaran desde el hospital de Santo Domingo, acudieron a una carpa del MIES, en la vía a Cojimíes, para informar su realidad y pedir que se les tome en cuenta para algún tipo de ayuda. Hasta el jueves pasado no recibían ninguna respuesta. (I)

Jenny y Fanny Valencia
Edad: 41 y 37 años.
Son madres de Evelin y Andrea, las dos niñas sobrevivientes.
Residen en el sector la Huecada, de Pedernales, en unas casas de madera.
Petición: Jenny pide sobre todo trabajo para mantener a sus nueve hijos.
Contacto: 0990902771