El terremoto del 16 de abril asoló al centro de Bahía de Caráquez con tanta fuerza que dio poco espacio a la reacción. Murieron 28 personas, según el informe de esta semana de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos. Entre otros hubo dos atrapados en los escombros: José Ricardo Ordóñez Uscocovich y su madre, Esther, que emergieron vivos, pero minutos después del remezón.

Ordóñez, de 55 años, es el primer jefe del Cuerpo de Bomberos de la localidad y en estos días atiende en el edificio de la entidad con paredes rotas. Minutos antes del terremoto del 16 de abril estaba en el piso alto de su vivienda, ubicada en las calles Simón Bolívar y Antonio Ante. En la parte baja funcionaba un almacén de su propiedad.

“Me iba a bañar, cuando sentí el terremoto. Busqué, de inmediato, un lugar seguro. Primero los balaustres, luego la mesa del comedor, de madera de bálsamo. La casa se cayó, como el piso era de madera se desplomó. En milésimas de segundo decidí”, cuenta.

Por sus propios medios logró salir y no encontró a nadie de su familia. Escuchaba gritos por todo lado hasta que se comunicó con su hermano, quien le dijo que su madre estaba atrapada, pero que ya se encargaba él. Ella fue rescatada a la media hora, solo con golpes, pero José Ricardo a esa hora ya estaba dirigiendo la extracción de una madre y dos niños, todos extranjeros, de una edificación colapsada en la calle Simón Bolívar, en el centro de Bahía de Caráquez. “Lamentablemente estaban muertos”.

Un compañero del jefe de los bomberos, que pide no citar su nombre, señala que después de salir de la casa derrumbada, José Ricardo se olvidó de su familia y de los daños para cumplir con su misión. Ayudó a salir a gente semiatrapada.

Siguió el rescate en esa noche triste para Bahía. El bombero dirigió la extracción de los cuerpos de ocho víctimas. Él define que fueron 55 segundos (tiempo que duró el sismo) que cambiaron a la ciudad, considerada en su época como un balneario ‘sin copia’.

José Ricardo Ordóñez sufre las consecuencias de un terremoto por segunda vez. En 1998, el movimiento telúrico que causó destrozos en la ciudad provocó la caída de su vivienda. En aquella ocasión tenía un seguro, pues estaba pagando un crédito, Hoy perdió casa y negocio, sin ningún seguro que responda.

Su esposa e hijos están en Estados Unidos y las primeras noches luego del sismo hizo del carro de los bomberos su albergue. Después pasó casi una semana en la Capitanía del Puerto, hasta que decidió alquilar un minidepartamento.

En su caso, señala que hace 18 años, cuando perdió su casa, sentía que podía recuperarse pronto. Ahora lo ve difícil. También lamenta por su ciudad, que va de desastre en desastre. En 1997 sufrió los embates del fenómeno El Niño, con parte de los cerros que se deslizaban; luego vino el terremoto del 98. “Ahora estaba levantándose y mire lo que pasa”, dice. (I)