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Marcia Gilbert: ‘No creo en formalismos’

‘No creo en formalismos’
‘No creo en formalismos’
Marcia Gilbert de Babra, en los jardines de la Universidad Casa Grande. Ángel Aguirre
9 de Julio, 2015
9 Jul 2015

Su oficina en la universidad casa grande no es nada ostentosa. Un escritorio, una pequeña mesa para reuniones, una estantería de libros y unos maravillosos cuadros de Judith Gutiérrez y Tábara en las paredes. Es sencilla y de buen gusto, así como ella, que viste informal y descomplicada.

En ese, su lugar, Marcia Gilbert nos cuenta que deja el rectorado de la Universidad que ella fundó,después de 16 años de haber estado en el cargo. Aunque en realidad son más años los que ha estado a la cabeza, si se cuentan los siete que estuvo como directora de la Escuela de Comunicación Mónica Herrera, que luego dio paso a la Casa Grande con la incorporación de más facultades.

Deja el rectorado, por un lado, porque la Ley de Educación Superior no le permite seguir, pues fue reelegida varias veces, pero sobre todo porque quiere recuperar un espacio para “hacer cosas creativas y que me gustan” en la propia universidad, porque deja el rectorado pero no se va de ahí.

De hablar llano y directo, dice que con tanta normativa de la ley su trabajo fue tomando un perfil burocrático. “Entonces no me gusta, pero ahí cumplí mi periodo. Mi fuerte no es lo administrativo, yo no funciono mucho burocráticamente, eso me ha agotado, no físicamente, sí emocionalmente”.

Resalta que como tiene interés en que la universidad le sobreviva, “es importante que otra gente comience a asumir las cosas del día a día, las cosas operativas, y yo me voy a quedar en lo académico cultural y lo que son nuevos programas innovadores”.

En pocos días se hará el cambio oficial de rectorado, que ahora lo asume Odile de Chiriboga, profesora fundadora. “Se garantiza la continuidad, no el continuismo”, dice Marcia, así a secas, como la llaman sus colegas y alumnos también. “La preocupación básicamente es mantener su visión y misión ( de la universidad), y poder seguir innovando, desde el punto de vista pedagógico, creo que somos una universidad que ha innovado mucho en ese aspecto y no queremos perder ese espacio”.

Con buena vibra y energía, a sus 76 años, dice que con un poco más de libertad se dedicará a fortalecer proyectos de la Casa Grande como nuevas maestrías y programas, podrá retomar la cátedra aunque no como maestra titular, se dará el gusto de asistir a eventos artísticos y culturales dentro de la propia universidad y se dedicará a escribir.

¿Qué quiere escribir? “Cosas de mi vida profesional, hacer un análisis sobre educación superior y hacer cierto testimonio, porque siempre he estado en acción y no he tenido suficiente tiempo para reflexionar y escribir, y ojalá que lo pueda hacer porque ya ves todo lo que quiero hacer”, responde entre carcajadas.

Aparte de la creatividad, siempre ha creído en el humor como una herramienta para educar, por eso se siente orgullosa de que primero la Mónica Herrera y luego la Casa Grande hayan roto esquemas y formalismos en la forma de educar a nivel superior.

“Yo prefiero cambiar el formalismo por la sustancia”, dice. “Para hacer sentir tu autoridad no hay que rodearse de parafernalia, ni vestimentas especiales, ni protocolos, yo creo en la autoridad que emana del respeto y de una cierta voluntad de decir: ‘ yo quiero hacer las cosas que esa persona hace’”.

Y aquello ella lo aprendió y lo implantó en sus múltiples experiencias de vida, siempre con la gente, primero como una joven voluntaria de programas sociales en el Ecuador y en Francia, y luego como maestra universitaria de Educación especial en el Innfa y como directora de Fasinarm, entre otras.

Por ello también hizo “clic” en 1992 con la chilena Mónica Herrera y se lanzó a abrir la escuela del mismo nombre en Guayaquil.

“Ella es rupturista de avanzada y yo venía del ámbito de la educación especial, que se atreve a todo, porque para que un niño aprenda, si te tienes que poner de cabeza lo haces, si tienes que disfrazarte lo haces, si tienes que reírte lo haces. Para mí trabajar con niños especiales es un compromiso con la civilización. La educación más audaz siempre es la especial, todos quienes han creado nuevos enfoques educativos vienen de la educación especial, entonces lo que proponía Mónica Herrera no era del todo ajeno”, dice Marcia, quien después de experimentar con algunas carreras encontró que lo suyo era la psicopedagogía.

“Como vengo de una familia de médicos, primero quería ser bacterióloga, después periodista, después arqueóloga; y cuando me fui a estudiar a Francia idiomas, a los 21 años, encontré mi camino, supe que lo mío era trabajar con las personas”, expresa.

Jovial y con sentido del humor, aclara que también deja el rectorado porque quiere “más tiempo para mi familia”, y se declara una abuela no chocha, sino “chochísima” de sus dos nietos, Alejandra de 17 años y Roberto, de 13, hijos de su única hija, Ximena. “Aunque también los abrumo a veces: que lee esto, que has esto”, confiesa Marcia entre risas. (I)

Yo creo en la autoridad que emana del respeto y de una cierta voluntad de decir: ‘ yo quiero hacer las cosas que esa persona hace’”.

Marcia Gilbert: ‘No creo en formalismos’
Viva
2015-07-10T18:00:57-05:00
Después de 16 años deja el rectorado de la U. Casa Grande, que ella fundó, para dar paso a otras personas y para dedicarse con más libertad a nuevos proyectos dentro de la propia universidad y a escribir.
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