Después del sorpresivo acercamiento que protagonizaron el miércoles Cuba y EE.UU. en busca de normalizar sus relaciones diplomáticas, Venezuela perdería a su principal aliado en la prédica “antiimperialista” en América Latina.

Desde que asumió en 1999 la presidencia del mayor exportador de crudo de Sudamérica, el fallecido Hugo Chávez inició una carrera para contrapesar la influencia estadounidense en Latinoamérica y para ello impulsó organizaciones regionales como la Unasur y la ALBA, que excluyen a EE.UU., y que con el fallecimiento del líder chavista han perdido fuerza.

No solo Cuba volteó su vista con una actitud más conciliadora hacia el norte, otros aliados de Venezuela –como Bolivia– han hablado de recomponer relaciones; o Ecuador, no ha dado paso en falso que pueda afectar la relación económica con su mayor socio comercial, pese a los discursos combativos.

“En toda América van en una dirección, Nicolás no sabe a dónde va, esa es la realidad dura que nos toca a los venezolanos, pero la cambiaremos”, dijo el líder opositor Henrique Capriles en Twitter. “El único país en esta situación es el nuestro”.

Durante los tres lustros de gobierno socialista, Venezuela amenazó, varias veces, con cortar el suministro de petróleo hacia Estados Unidos, su principal mercado de exportación.

Aunque no ha cumplido su advertencia, ha diversificado su mercado y cada vez envía más barriles a China y Centroamérica en desmedro de EE.UU.

Desde el 2008, cuando Chávez expulsó al embajador estadounidense de Venezuela, ambos países carecen de jefes diplomáticos y sus relaciones están al mínimo.