Cinco cuadras de la avenida Machala cubría la procesión con la imagen de la Virgen de El Cisne. El tráfico de esta arteria, el sábado pasado, se abría paso por un costado, mientras cientos de fieles caminaban con cánticos, rezos y demostraciones de penitencia.

Al llegar a la intersección de Capitán Nájera, cuando se había recorrido casi la mitad de los 10 kilómetros, en una tarima se le ofreció un homenaje lleno de fervor y alegría.

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Hubo música y eso emocionó a los fieles, que tomaron fuerzas para seguir el trayecto de 90 cuadras, el más largo de una procesión en Guayaquil.

La cita con la Churona se inició a las 14:00 en la iglesia San Agustín, ubicada en Luis Urdaneta y Pedro Moncayo. Allí fue recibida con flores rosadas y aplausos de los fieles que se aglomeraron y se desesperaron por tocarla.

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En el templo se celebró una misa. Monseñor Giovanni Battista estuvo a cargo del servicio, que duró una hora, antes de la caminata, que terminó en la noche en la 24 y la A, en la iglesia San Vicente de Paúl.

Durante el trayecto, fieles compartían sus testimonios y elevaban plegarias a la imagen. Gladys Moncada, de 53 años, llegó desde Babahoyo para caminar descalza hasta el colegio Guayaquil para demostrar su devoción.

“Todos los años vengo a la procesión, el año pasado tuve la oportunidad de cargarla, pero este año elegí llevar la cruz”, manifestó la mujer, quien ha tenido varias complicaciones de salud.

Entre los caminantes también había quienes fueron a agradecer a la Virgen. “Yo tuve un accidente cuando tenía 3 meses de embarazo de mi última hija y la Virgen me salvó. Me atropellaron, pero me recuperé, por eso yo no falto con mi mamá a la procesión y también me voy a Loja a visitarla”, contó Rosa Quimí, de 32 años.

Cruz Álvarez, de 40 años, acudió con sus tres hijas y su nieta. Todas llevaron una vela sobre una botella de plástico para pedir por sus familiares.

Otros trataban de expresar su devoción aferrándose a la advocación. Víctor Espinoza, de 51 años, agarró el cordón de seguridad que rodeaba a la imagen de la Virgen para poder tener la oportunidad de llevarla, pese a que perdió en un accidente laboral el brazo izquierdo.

A la procesión acudieron fieles que decoraron sus autos con la imagen de la Virgen para acompañar el largo recorrido. Uno de los conductores llevó globos que luego fueron lanzados al cielo.

“Yo vengo desde Los Vergeles, mi Virgen ya la tengo por casi 25 años y siempre vengo”, comentó María Tomalá, devota de 49 años.

Movimiento
Alrededores

Devotos
Durante el recorrido, varios fieles llevaban réplicas pequeñas de la imagen de la Virgen de El Cisne. Otros portaban velas, globos, rosarios y fotografías de sus familiares enfermos.

Comercio
La procesión de la Virgen de El Cisne no solo atrae a fieles de Guayaquil y sus alrededores, sino a comerciantes de prendas, dulces, estampas, velas y otros productos. Ellos se ubican en los alrededores de la parroquia San Vicente de Paúl, en la 24 y la A, en el suburbio de Guayaquil.